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LLAMAD@S A LA PLENITUD

Por: Padre Luis Matos C.B (Comunidad de las bienaventuranzas)

Te has preguntado: ¿Cómo puedo sentirme plena?

Podríamos decir que para alcanzar la plenitud, es necesario saberse amada continuamente, siendo acogida, respetada, amada y reconocida en su realidad tal cual, en toda circunstancia y lugar.

Pero esta plenitud de amor ¿quién puede darla? Ya desde la antigüedad se preguntaba el salmista: “¿Quién me hará ver la Felicidad?” (Sal 4)

Como dice un proverbio francés: “La más bella de las mujeres no puede dar más de lo que tiene”; y lo que tiene es evidentemente limitado. Ahora bien, el corazón del hombre y de la mujer aspira siempre a más: a la plenitud. Esta plenitud del amor sólo la puede dar quien es fuente del AMOR: Dios. Y Dios ha querido servirse de los hombres, y en particular de un hombre llamado Jesús de Nazaret. Para infundir ese amor, transmitiéndonos en particular la sabiduría del amor, y guiándonos sobre el camino que a ella conduce. Esto supone, como ya lo hemos dicho, una actitud de escucha para dejarnos instruir sobre el verdadero amor y dejarnos llevar hasta la verdad completa, precisamente por el Espíritu de Verdad, como dice Jesús (Jn 16,13) (Ver artículo anterior “Amor y Verdad se encuentran”).

El primer paso para adquirir la plenitud: ESCUCHAR y dejarme conducir de la mano de Jesús, hijo y enviado del amor.

Recordemos por otra parte que esa plenitud ya está abrazando mi corazón como un tesoro inagotable, puesto que soy Reina de amor (Ver artículo “Mendiga de amor o Reina de amor”).

La plenitud la voy a adquirir pues, curiosamente, no mendigando, comprando, acumulando y protegiendo egoístamente lo mío, sino distribuyendo abundante e “inteligentemente”, con sabiduría evangélica, el arsenal de amor que tengo en mi corazón, como imagen de Dios que soy. Como dice la Palabra “El que siembra con tacañería, cosechará también con tacañería; el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia” (II epístola a los Corintios 9, 6).

Finalmente la respuesta a “¿cómo sentirme plena?” es sencilla: Decídete a amar a todos, incluso a tus enemigos (ver artículo “La reciprocidad, ¿condición del amor?”) en todo momento y circunstancia, en verdad  y con misericordia, respetando a los demás y a tu propia dignidad. Y en tu caminar irradiarás paz, esperanza y alegría de vivir.

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