Glotonas

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Por Nadia Ocampo / psicoterapeuta relacional

Comer por antojo o placer aún sin hambre es una actividad que en esta época hacemos tanto hombres como mujeres, sin embargo la glotonería está más asociada a la mujer. Esto tiene explicación biológica y cultural.

Biológicamente, en las mujeres se activa más fácilmente el sistema de recompensa con elementos básicos como comida, agua y sexo; estos elementos activan los receptores de placer y el deseo de ser recompensada. Independientemente del sexo, cualquier persona con problemas adictivos modificará el funcionamiento de su sistema de recompensas.

Ahora, mientras que los varones muestran más compulsión hacia actividades como el juego y el consumo de sustancias, las mujeres padecen más la ingesta compulsiva de alimentos. Esto posiblemente está asociado a que nuestro rol de género, especialmente en la variante de “cuidadoras”, nos pone en constante lucha entre nuestras necesidades y las necesidades de los otros, nuestros deseos y los de los otros. Y la comida es el vehículo ideal para simular esta lucha entre lo permitido y lo prohibido, entre lo que debo y lo que no debo.

Así, cuando estamos sintiendo intensamente una emoción que nos es poco agradable como la frustración, el rechazo o la tristeza, optamos por transformarlo en comida y premiarnos o castigarnos según la “necesidad”. Por ejemplo: “Estoy muy cansada, siento que no me valoran en el trabajo… se me antoja un chocolate ¿Y por qué no comerlo? ¡Lo merezco! En ese momento entramos en una lógica (ilógica) donde la comida pierde su función principal y se implica en un juego emocional que puede resultarnos doloroso y peligroso.

Sucumbir a un antojo suele ser muy sano si lo sabemos identificar. Existen tres sensaciones que nos ayudarán a identificar cuándo debemos o no seguir nuestro instinto glotón: hambre, antojo y ganas de comer.

Cuando sentimos hambre, normalmente la sensación fisiológica que la acompaña es clara, además, por lo general ya pasaron más de cuatro horas después de nuestra última comida.  Si lo que siento es antojo, quiero consumir un alimento, sabor o textura en particular, y si no encuentro eso a la mano, no cubriré mi antojo. Mientras que cuando lo que sentimos son ganas de comer,  no identificamos un antojo específico, queremos algo que nos haga sentir mejor de cómo nos estamos sintiendo ahora, creemos que con eso nuestra sensación se “calmara; y puede ser cierto un poco, pero no por siempre y no necesariamente tiene que ver con lo que comas. Es más, las cosas se pueden poner peor, pues después de consumir algo adecuado, la sensación de culpa, frustración y fracaso pueden golpearnos con fuerza.

“Si me lo permito puedo renunciar a ello, si no, será irrenunciable”. Tener un comportamiento glotón en un momento o día específico no le hace mal a nadie, trabaja en la gestión de tus emociones y aprende a decidir respetando lo que sientes y respetandote a ti en todos tus actos.  Si la glotonería toca a tu puerta ten presente algunas opciones intermedias que te ayudarán a tomar una decisión.  Te dejo esta pregunta como ejercicio:

¿Cuál sería una elección de alimento que me deje satisfecha y que sea intermedia entre la rebanada de pastel o fruta como postre?

Disfruta de las fiestas y de lo que ellas ofrecen más allá de la comida: amigos, contextos, nuevas relaciones. Y lo más importante: come lo que quieras, queriéndote a ti primero. 

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