Posesivas

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La posesividad implica una suposición de pertenencia, se expresa mediante creencias dominantes y autoritarias que inundan los comportamientos y que con frecuencia asfixian las relaciones hasta matarlas.

Nos enseñan desde pequeños que las relaciones interpersonales cercanas implican poseer y/o pertenecer al otro. Esto se aplica en distintos sistemas relacionales “mis amigos, mi pareja, mis hijos”. Lo que no nos dicen es que esto puede darse por un periodo corto de tiempo, pero si se prolonga a lo largo de la historia de la relación provocara daños en mí y en los otros.

La posesividad puede iniciar en edades tempranas: recibo niños con “malestar significativo y/o supuestos problemas de adaptación” debido a que “no tienen un mejor amigo o en su defecto, este, le habla a otros y me siento mal por eso”.  Parejas que consideran que si está conmigo “debería elegirme sobre todos los demás” ¿Cómo prefiere irse con sus amigos?  Las personas posesivas sufren y generan malestar en quien los rodean.

Toda relación según la psicoterapia relacional se conforma de tres partes, el YO, EL TÚ Y EL NOSOTROS. Estos elementos, según se organicen conformaran una relación más o menos nutricia. En especial en las relaciones de pareja debido a nuestra construcción de enamoramiento INICIALMENTE la posesividad se manifiesta con deseos intensos de incorporar al otro a “mi” esto puede o no contener la idea de que “somos uno mismo” la desilusión pronto llegara, pues resulta que no lo somos. Me vínculo con otros que necesitan, sienten y piensan cosas distintas a mí y no puedo mimetizarme con ellos.

Las personas posesivas sufren al no sentirse lo suficientemente queridas en las relaciones y hacen sufrir al faltarles al respeto a los otros minimizando sus acciones. El mensaje sería algo como “lo que estoy recibiendo de ti no me es suficiente, no alcanza”.

Como propuesta alternativa a la posesividad tenemos el APRENDER A AMAR SIN APREHENDER.

Como mamíferos que somos necesitamos sentir apego (bien entendido) en nuestras relaciones. Esto significa que pertenezco a un sistema que colabora conmigo apoyándome y mostrándome su afecto.

Si logro vincularme a ese nivel sentiré la seguridad de que el otro está allí para mí, apreciándome por quien soy y porque quiere estar a mi lado, sin sentirme constantemente amenazad@ por la idea de que me abandonen.

Poseer al otro de manera nutricia implicaría considerarlo como parte de mí, incorporándolo a mi experiencia, por lo que no lo lastimaría pues al hacerlo me daño. Mostrar afecto y respeto por el otro sea la relación que sea aumentara mis posibilidades de que quiera estar a mi lado vs el intentar controlarlo y poseerlo que me dejara constantemente una sensación de alerta, falta de afecto, irrespetad@ y  vací@.

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Fotografía: Alejandro Salinas
Styling: Ricci Fuentes
Make up: Andy Alexis Jiménez
Modelo: Luana Cassola

Dra. Nadia Ocampo

Glotonas

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Por Nadia Ocampo / psicoterapeuta relacional

Comer por antojo o placer aún sin hambre es una actividad que en esta época hacemos tanto hombres como mujeres, sin embargo la glotonería está más asociada a la mujer. Esto tiene explicación biológica y cultural.

Biológicamente, en las mujeres se activa más fácilmente el sistema de recompensa con elementos básicos como comida, agua y sexo; estos elementos activan los receptores de placer y el deseo de ser recompensada. Independientemente del sexo, cualquier persona con problemas adictivos modificará el funcionamiento de su sistema de recompensas.

Ahora, mientras que los varones muestran más compulsión hacia actividades como el juego y el consumo de sustancias, las mujeres padecen más la ingesta compulsiva de alimentos. Esto posiblemente está asociado a que nuestro rol de género, especialmente en la variante de “cuidadoras”, nos pone en constante lucha entre nuestras necesidades y las necesidades de los otros, nuestros deseos y los de los otros. Y la comida es el vehículo ideal para simular esta lucha entre lo permitido y lo prohibido, entre lo que debo y lo que no debo.

Así, cuando estamos sintiendo intensamente una emoción que nos es poco agradable como la frustración, el rechazo o la tristeza, optamos por transformarlo en comida y premiarnos o castigarnos según la “necesidad”. Por ejemplo: “Estoy muy cansada, siento que no me valoran en el trabajo… se me antoja un chocolate ¿Y por qué no comerlo? ¡Lo merezco! En ese momento entramos en una lógica (ilógica) donde la comida pierde su función principal y se implica en un juego emocional que puede resultarnos doloroso y peligroso.

Sucumbir a un antojo suele ser muy sano si lo sabemos identificar. Existen tres sensaciones que nos ayudarán a identificar cuándo debemos o no seguir nuestro instinto glotón: hambre, antojo y ganas de comer.

Cuando sentimos hambre, normalmente la sensación fisiológica que la acompaña es clara, además, por lo general ya pasaron más de cuatro horas después de nuestra última comida.  Si lo que siento es antojo, quiero consumir un alimento, sabor o textura en particular, y si no encuentro eso a la mano, no cubriré mi antojo. Mientras que cuando lo que sentimos son ganas de comer,  no identificamos un antojo específico, queremos algo que nos haga sentir mejor de cómo nos estamos sintiendo ahora, creemos que con eso nuestra sensación se “calmara; y puede ser cierto un poco, pero no por siempre y no necesariamente tiene que ver con lo que comas. Es más, las cosas se pueden poner peor, pues después de consumir algo adecuado, la sensación de culpa, frustración y fracaso pueden golpearnos con fuerza.

“Si me lo permito puedo renunciar a ello, si no, será irrenunciable”. Tener un comportamiento glotón en un momento o día específico no le hace mal a nadie, trabaja en la gestión de tus emociones y aprende a decidir respetando lo que sientes y respetandote a ti en todos tus actos.  Si la glotonería toca a tu puerta ten presente algunas opciones intermedias que te ayudarán a tomar una decisión.  Te dejo esta pregunta como ejercicio:

¿Cuál sería una elección de alimento que me deje satisfecha y que sea intermedia entre la rebanada de pastel o fruta como postre?

Disfruta de las fiestas y de lo que ellas ofrecen más allá de la comida: amigos, contextos, nuevas relaciones. Y lo más importante: come lo que quieras, queriéndote a ti primero. 

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Sentimentales

 

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Dra. Nadia Ocampo

Psicoterapeuta Relacional

Según los últimos consensos existen cuatro emociones básicas: "tristeza, alegría, miedo e ira". Cuando describimos a alguien como sentimental es probable que nos vengan a la mente imágenes de personas de ‘lágrima fácil’, es decir, la palabra está asociada a expresiones de tristeza o personas que se conmueven fácilmente.

El punto es que socialmente estamos condicionando las expresiones aceptables y las poco deseables. El cuándo y cómo mostrarse ‘emocionada’ también debe corresponder a momentos socialmente aceptables. Esto además se permite de formas distintas según el género. Los hombres lo llevan peor que las mujeres pues su repertorio de expresiones emocionales permitidas es aún más limitado, básicamente se les permite emocionarse o estar sentimentales sólo en eventos súper importantes de su vida (borracheras, bodas, partidos de fútbol, etcétera). De otra forma serán catalogados como ‘sentimentales’ o se les dirá que actúan como niñas (como si eso tuviera algo de malo). Castigamos la expresión emocional en hombres y mujeres cuando deberíamos estar más atentos a educarnos en la expresión de las mismas

Todos deberíamos vivir libremente la expresión de nuestras emociones. En un mundo ideal, cualquiera que se sienta respetado por las personas que le rodean sentiría confianza de expresar sus emociones tal como van surgiendo, sin temor a ser criticado. Si logramos manifestar las emociones  con la persona correcta en el momento correcto lograremos una mejor salud mental y relacional.

¿Cuantas veces has tenido que fingir sentir algo que no correspondía a tu estado de ánimo? Si te consideran sentimental enorgullécete por ello y si por el contrario eres de las personas de poca o cero expresión, tal vez después de leer esto te atrevas a mostrar tus emociones.

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Photo: Francisco Soberanis
Styling: Roberto Coss
Mua/Hair: Luis Moralez
Model: Adrea Tresgallo Paragon Model
Clothing: Akaiswimwear, jesus Giles, Milamilu, American Eagle.
 
 

Lunáticas

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Nadia Ocampo, psicoterapeuta relacional

La palabra lunática describe a una persona de comportamiento cambiante o desconcertante.  Las mujeres tenemos mala fama en cuanto a los cambios de humor, malamente “justificados” o asociados a las hormonas. Aquí me gustaría aclarar que los cambios hormonales en los varones se dan cada 24 horas, mientras que en las mujeres se dan en ciclos de entre 21 y 28 días. Entonces, hormonalmente hablando, ¿quién es más inestable?

Ahora ¿Por qué a las mujeres se nos considerada lunáticas? ¿Qué no es normal que el estado de ánimo cambie según las situaciones que vives durante el día? ¿Podemos  aspirar a ser emocionalmente estables?

Por mi experiencia como psicoterapeuta diré que las mujeres tenemos más espacio para la expresión emocional debido a nuestra educación. La sociedad permite y promueve más la expresión emocional en mujeres que en varones, lo que nos hace más propensas a expresar una gama más amplia de sentimientos. Al vernos más emocionales, seremos más “lunáticas”. Ojo: la expresión de emociones precede a vivencias, por lo que no es un cambio inesperado, sino una respuesta a una vivencia específica.

22494772 10155971688853755 196686578 opo menos que exista un trastorno, el estado de ánimo de las personas debe cambiar con las situaciones que viven, y su duración aproximada en estado intenso es de cinco minutos.  Es decir, las emociones cambiarán durante el día, según lo vivido, a menos que tengamos problemas afectivos que nos “estanquen” en una emoción por un tiempo más prolongado.  Así que la normalidad en cuanto al ánimo y expresión del mismo es el cambio constante. Piensa en tu más reciente momento de alegría ¿Tuvo la misma intensidad más de cinco minutos o se fue transformando en ese tiempo?

Por lo tanto, a menos que estemos “locas” no podemos ser emocionalmente estables. No es deseable, y quien haya tenido oportunidad de convivir con alguien que parece no reaccionar ante los sucesos me dará la razón; es muy complejo convivir con alguien incapaz de mostrar variantes en su emoción.  

Lo que sí podemos hacer es aprender a ser más claras en cuanto a cómo expresamos nuestras emociones. Si algo de lo que dijo o hizo el otro te afectó  ¡Dilo! Intenta expresar en el momento la emoción que te provocó. No se vale responder “no me pasa nada, no tengo nada” cuando está claro que internamente estás experimentando un cambio emocional.  Al ponerle palabras no solo compartimos nuestra experiencia, también le damos oportunidad al otro de entender y responsabilizarse por lo que sucedió.  Es más lunático intentar no expresar lo que se siente, en lugar de explicar qué siento y de dónde vino esta emoción.

En general, a todos nos vendría bien estar atentos a estos cambios de humor “inesperados” y ejercitar nuestra expresión emocional para no pasar por lunáticos.

 

 

Backstage Editorial LV/ Vanidad.
Photo Alberto Magno
Fashion Stylist Estilista Antoni Folch
Mua Hair Paola Darnely
Model Anastacia Rumiansteva Blow Models
Assistant Mikel Andrei

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¡Lujuriosas!

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Escrito por:  DRA. Nadia Ocampo, Psicoterapeuta Relacional.

 



La lujuria, por desgracia, no es una característica frecuentemente asociada a las mujeres.

Históricamente el placer de la mujer ha sido pecaminoso, indeseable, sucio, ocultado, asociado a “mujeres de la vida galante”, descocadas, locas, inadaptadas, malas mujeres, etc. Nos han enseñado a que el deseo está en función de los deseos del otro (comúnmente varones). Las mujercitas tendríamos entonces que mantenernos recatadas e inexpresivas. Manifestar interés sexual era y, por desgracia, sigue siendo mal visto. Ideas sexistas generalizadas indican que el placer femenino debe ser despertado, como si estuviera dormido y necesitara de otro. 

Pues resulta que el deseo no tiene ni sexo ni género, ¡todos sentimos! El criticar las expresiones de deseo sexual en la mujer se ve reflejado principalmente en la anorgasmia (dificultad para experimentar placer sexual), alcanzando cifras hasta del 60%.



Vivimos en una sociedad incongruente, donde se cosifica a la mujer como objeto sexual y al mismo tiempo se le impide expresar su interés por recibir placer. Ver a un hombre con "ojos de deseo" es mal visto, anticipar las necesidades sexuales expresando que se quiere sólo sexo “es cosa del demonio” o a causa de algún trauma, críticas que generalmente provienen de alguna de nosotras mismas. Con frecuencia la queja de la pareja estriba en el "siento que no me desea", es decir, todos necesitamos sentirnos queridos y deseados por la persona que amamos, es por eso que mostrar interés sexual es ingrediente indispensable en toda relación de pareja y es necesario eliminar mitos y tabúes alrededor de ello. ¡El sexo es una necesidad básica del ser humano como especie! ¿Por qué seguir negándolo? ¿Qué sentido tiene criticar y ocultar algo que es tan natural y necesario?

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Otro tabú es creer que las mujeres no podemos tener sexo sin amor; una gran mentira que nos hemos creído a pie juntillas. El placer sexual es una respuesta a los estímulos eróticos y no es necesario estar enamorada para que el cuerpo responda. Eso no nos hace lujuriosas, ¡nos hace humanas! Obviamente, siempre teniendo presente que el placer sexual se debe acompañar de las condiciones de seguridad requeridas.

La propuesta de hoy es: ¡atrévete a romper esquemas sexistas y sé lujuriosa!; pregúntate: ¿qué tanto conoces tu cuerpo?, ¿reconoces tus respuestas sexuales?, ¿expresas con claridad tu interés y necesidades sexuales a tu pareja?; y otro punto súper importante para promover estereotipos más equitativos y hacer una mejor sociedad, deja de criticar a las mujeres que se atreven a ser lujuriosas, ¿o lo haces por qué mueres de envidia?

 

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Photo: Francisco Soberanis. Asistant: Izhar Garcia 
Model: Fernanda Machado at New Icon Model Managament.
Realization: Frank Matadamas.
Beauty: Belle Atellier.
Styling: Kari Castillo.
Bralettes: Moccamx.
Creative Direction: By Nina Lima.
 
 
 

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