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SEXO, DROGAS Y ROCK AND ROLL

Obra de arte por: Irene García.

Narrativa: Julieta.

Texto: Juan Alberto Hernández.

 

"Vicios” que palabra tan fuerte e indescriptible. ¿Dónde se encuentra la delgada línea entre algo que te gusta mucho y algo que se convierte en un vicio?

21441668 10212673512382983 496722803 oÉl es mi vicio, crea una conducta enferma y compulsiva en mí, es mi desorden, mi equilibrio, mi necesidad y mi adicción. Es el veneno para mi voluntad, busco calor y me da frío, busco amor y me da sexo, busco lealtad y me da traición; y aun así no puedo dejarlo. Es de esos hombres que na- cen para ser libres, pero no puedo soltarlo, lo quiero, lo quiero cerca para poder respirarlo, saborearlo, lo quiero entre mis piernas, lo quiero para fundirme en él toda la eternidad. Si eso no es un vicio, ¿qué es?

Empezó como un juego, sexo divertido, sin ataduras, cada vez más intenso y fue gustándome más y ya hace tiempo que he caído atrapada a su voluntad. Me sudan las manos sólo de pensarlo, en mi nace todo deseo y lo peor es que amo ser presa de sus perversiones, y me pregunto ¿Alguna vez en esta vida, sólo por unos días, unas semanas, unos meses pudiera estar sin café, sin alcohol, sin él? Me queda- ría una profunda tristeza, de esas que dan la abstinencia, de las que no se curan tan fácil y pienso que no debemos dejar mucho tiempo sin besos, sin amor, sin sexo, sin perversión y sin sueños.

Si me preguntan ¿a qué sabe él?, les diré que sabe a vicio, sabe a vodka con coco y piña, sabe a café, a sexo, a orgasmo, a saliva. ¿A qué sabe el vicio?, el vicio sabe a él.

Juan Alberto Hernández,

nuestro terapeuta comenta:

Como hemos comentado anteriormente en este espacio, una de las partes más relevantes para nuestra experiencia  vital es la forma en que disfrutamos del erotismo y la sexualidad; también hemos hablado sobre la importancia de que este disfrute no implique dañar a terceras personas y de estar conscientes de las consecuencias que pueda traer. Un tema que no hemos tocado es la relación entre las sustancias psicoactivas y el erotismo. No pretendemos evaluar el dilema ético o jurídico sobre su uso, sino ahondar en los resultados de las investigaciones que se han hecho al respecto; para empezar, estas apuntan que la relación causa y efecto entre sexualidad y drogas está lejos de ser directa y simple.

De acuerdo con autores como Skårnery y Månsson, podemos identificar dos tipos de relaciones entre las drogas y la sexuali- dad. En el primer caso se trata de un discurso escapista, donde lo importante es salir de las dificultades y que de alguna manera, aunque sea por algunos minutos, la persona pueda evitar sus problemáticas a través del uso de narcóticos, entre los que, paradójicamente, se incluye a la misma sexualidad. El otro discurso es el hedonista, del que quizá hemos escuchado más debido a los estereotipos difundidos por los medios de comunicación que nos presentan a las y los rockstars, que viven en continuo placer, sin mañana y sin consecuencias. En ese sentido, el uso de sustancias se convierte en un acelera- dor de las experiencias que se van gozando.

Los fármacos que más se han vinculado con la sexualidad son las anfetaminas y la cocaína, ya que diversos trabajos científi- cos sostienen algunos beneficios de esta relación. Por ejemplo, se dice que las anfetaminas son capaces de aumentar la libido y reducir la inhibición sexual, lo que como consecuencia puede incrementar el riesgo de contraer alguna infección de transmisión sexual, básicamente porque se evita el uso de métodos de protección. Además, estas sustancias regularmente reducen el hambre, y en muchos casos esto genera problemas de salud, lo cual afecta directamente la vivencia de la sexualidad. Otro tipo de fármacos, como los derivados del opio, provocan lo contrario, puesto que tienen un efecto rela- jante en todos los sentidos. Por esta razón, algunas personas tratan de combinarlos.

En otros casos, las drogas ilegales han servido para resolver problemáticas como la impotencia, la falta de eyaculación y la carencia de apetito sexual. El punto donde la mayoría de estudios coinciden es que conforme aumenta el consumo de estas, la sexualidad se ve directamente afectada, ya sea porque el deseo sexual disminuye o por que las prácticas se vuelven más riesgosas; por tal motivo es importante hacer énfasis en que, en las prácticas erótico-sexuales, lo relevante es que la persona pueda ser consciente y asumir las riendas de su vida.

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