MORIR O RENACER... ELIJO RENACER

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Obra de arte por Irene García
Narrativa por Julieta
Texto por Juan Alberto Hernández
“Los sapos de Julieta” Morir o renacer... elijo renacer.
Julieta nos cuenta... “¿Y dónde quedo ese botón que lleva a la felicidad?, luna de miel rosa pastel, clichés y tonterías.” ¡¡¡Tonterías!!! Así las llamo ahora, antes mi vida era perfecta, fiestas, salidas, sexo, romance... Después de años de casada me di cuenta que había caído en la más terrible monotonía, trabajar, limpiar casa, hacer de comer, atender a mi hijo y a mi marido. El trabajo nunca terminaba. Era la típica Cenicienta sin zapatilla de cristal, ni carruaje encantado.
Siempre me preguntaba si alguna vez volvería a sentir esa pasión que hace humedecer tu entrepierna de sólo verlo, de sólo pensar en que lo vas a ver. Y así fue como comenzó todo y me aventuré a volver a sentir, a vivir y a dejar atrás todo lo que me hacía sentir muerta.
Terminé mi matrimonio, lo cual fue fácil, ya no había nada que rescatar, excepto a mí misma. Y ahí estaba tan cerca de mí, ese hombre que me devolvió todo, tenerlo cerca me devolvió el alma en cada respirar, aliento con aliento, cuando sus labios me besaban intensamente y humedecía mis labios con los suyos.
 
 
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Me volví loca de amor, de pasión, como si fuera una niña que no tiene control de sus sentimientos y sólo podía entregarme al calor de sus manos, todo aquello fue una locura que me dejó la huella más profunda que nadie había podido dejar. ¿Cómo describir la locura de sus besos...? ¿Cómo descubrir el secreto para que se pierda por mí como yo estaba por él...? ¿Cómo me había perdido de tanto en todos estos años...? Era obvio no se puede vibrar en un firmamento que no nació para retumbar. ¡Aún sigo con él y cada noche que llego a su departamento sigue siendo un festín!
 
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Juan Alberto Hernández, nuestro terapeuta comenta:
Como antes hemos explicado en esta columna, en cuanto a la sexualidad sea refiere, existen gran cantidad de maneras en que la demostramos, tanto en las esferas de lo propio, así como con otras personas. Según el Dr. Álvarez-Gayou Jurguenson (2011) a aquellos estímulos que nos excitan se les conoce como Estimulo Sexual Efectivo (ESE), que nos brindan la posibilidad de identificar aquello que nos va atrayendo más y genera en nosotros una respuesta sexual humana.
Estos estímulos se dividen en aquellos que son de origen corporal (reflexogénicos) y los psicológicos.
 
En la primera categoría podemos identificar, por ejemplo, elementos corporales como el llenado de la vejiga, mientras que en la parte psicológica se encuentran los cinco sentidos y la fantasía.
 
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Es importante hacer mención, que no se trata solamente del coito, sino de estímulos que generan en nosotros una respuesta sexual, lo cual va desde el deseo, pasando por la excitación, hasta llegar al orgasmo. Estos estímulos regularmente permiten que haya prácticas muy comunes como son los besos o las caricias y que socialmente son conductas sexuales aceptadas.
Sin embargo, también existen otras conductas de las cuales podemos participar, como son el exhibicionismo, el voyerismo o escoptofilia, la fobofiliala expresión corpórea de la sexualidad, donde existe un gusto o placer asociado con el peligro o el temor, la grafofilia -dividida en logofilia, relacionada con las palabras y la iconofilia, con las imágenes-, entre otras.
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La lista es muy amplia y lo importante es que estas expresiones enriquezcan nuestra experiencia sexual. Esto también nos lleva a aclarar que hay algunos casos en donde las personas única y exclusivamente pueden sentirse excitados a partir de un estímulo o para conseguirlo requieren coaccionar a que otra persona participe en sus prácticas.
 
Sin duda esto requerirá de una atención especializada por parte de un profesional como un sexólogo, un terapeuta o un psiquiatra. Por otra parte, debemos comprender que conforme nos vamos desarrollando y crecemos las formas de expresar nuestra sexualidad van cambiando, dándonos la posibilidad de encontrar y explorar un mundo que se va ampliando. Y tú, ¿reconoces cuáles son tus estímulos sexuales efectivos? Para leer más: Álvarez-Gayou, J. L. 
 

HOMBRES DE PIEDRA

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Obra de arte por Irene García
Narrativa por: Julieta
Texto por Juan Alberto Hernández
 
 
“Los sapos de Julieta”

Julieta nos cuenta...
No sé si los hombres carecen de sentimientos y mucha testosterona, si sólo tienen en la cabeza el coleccionar mujeres como coleccionan sus objetos de Star Wars. Parecen hombres de piedra que cuando les dices “te amo”, te contestan “gracias”, ¿gracias? Te dije ¡¡¡te amo!!! Ellos sólo pueden ser ardientes en la cama, ahí sí el “te amo”, “soy tuyo” y todas esas palabrerías fluyen como si fuera verdadero amor.

Pero nunca falta el hombre de piedra que llegas a ablandar y termina enamorándose de ti. Ahí sí, como disfruto la victoria, aquel rudo caballero “todas mías”, bajó la guardia y se enamoró como un idiota. Tan grabado que lo tengo en mi mente, cuando pensaba que ya no había ningún truco de seducción para enamorarlo...

Una tarde de sábado, como solíamos vernos, llegué a su departamento, tomamos una y otra copa mientras me cocinaba y escuchábamos música, la plática fluía y el calor del alcohol hacia lo suyo. Al principio no me besaba, creo que la sobriedad lo intimidaba, pero con un solo roce de sus labios bastaba para quedar enganchada.

Nos fuimos besando mientras me dirigía a su recámara, por primera vez,antes de quitarme la ropa me acariciaba tiernamente, con esa mirada que yo no le conocía, ¿ternura?, ¿amor? Estaba confundida, ese hielo, esa piedra que yo conocía, se estaba deshaciendo. Fue la más hermosa de las sensaciones que jamás había tenido, después de tanto tiempo de estar juntos y por fin era mío. Cuando de pronto de sus labios salió el “te amo” más lindo que pude escuchar en toda mi vida, mientras metía sus manos entre mi cabello y me besaba. Esto desató la locura entre los dos.

Le pedí que calmara mi sed con sus labios, que su aliento recorriera mi piel, mientras despertaba todos mis sentidos y sus caricias exploraban caminos prohibidos. Escuchaba su respiración agitarse cada vez más, mi tacto sentía como se agitaba su cuerpo. Recorrió cada parte de mi cuerpo a besos, caricias que se deslizaban sobre mi piel, dejándome sin aliento. Todo pasó tan rápido para mí esa tarde, que no pude medir el tiempo, sólo sé que en el momento de explotar juntos, gritó “¡Julieta te amo!”. Y ahí, mi hombre de piedra se convirtió en el mejor de los amantes.

 

Juan Alberto Hernández,
nuestro terapeuta comenta:

En muchas ocasiones, un comentario recurrente tanto entre mujeres como entre hombres es la importancia que le damos a la pareja. Independientemente del momento de la vida o de nuestras relaciones, esa temática se ve reflejada principalmente en las dificultades que tenemos en el tema de las emociones. En relación con los hombres, uno de los términos que más se utiliza es que son de “piedra”, para significar la dificultad que tienen para empatizar, es decir, ponerse en los zapatos las otras personas, principalmente cuando se refiere a situaciones afectivas. Da como consecuencia el hecho aparente de que actúen sin tener en mente la consecuencia o los efectos que producirán en su pareja. 

Por otra parte, esto también generará una especie de coraza que los protege de un exterior que desde su perspectiva
puede tornarse peligroso. Sin embargo, más allá de esta visión, valdría la pena ver la parte erótica-sexual del término. Las investigaciones demuestran que para los hombres, a nivel biológico, ciertas enfermedades impiden las condiciones básicas para disfrutar su sexualidad, como son la diabetes, los problemas del corazón y de la presión arterial. Sin embargo, a nivel psicológico, el elemento más relevante es la ansiedad relacionada con su desempeño sexual, la que causa mayor estrés entre los hombres.
De allí podríamos tener una pista de lo que ocurre detrás de esa aparente coraza e identificar que esta está relacionada con esa dificultad de expresar sus emociones, así como con el miedo a que su comportamiento erótico no sea de calidad. Quizá, valdría la pena reflexionar que detrás de esa muralla hay más emociones de las que se pudieran imaginar.

 

MI ÚLTIMA CARTA

"LOS SAPOS DE JULIETA"

ROMANCE ABROBRA DE ARTE POR: IRENE GARCÍA

TEXTO POR: JUAN ALBERTO HERNÁNDEZ

NARRATIVA POR JULIETA

 

Julieta nos cuenta... Si algo había entre nosotros era ese erotismo, esa desbordada pasión, con tintes de amor... Bueno, eso creía hasta que lo descubrí con otra, siendo no la primera vez.

¡Adiós a todo!, incluso a este tema romántico y pasional con matices enfermos que tanto amaba, porque su obscuridad sólo yo podría amarla sin juzgarla.

Esta vez no escribiré de lo que me piden, esta vez será lo más real que he podido escribir en mi vida, cada letra en esta impresión fue escrita con dolor, con el corazón hecho pedazos, en el momento en que sucedió.

Yo, Julieta, como muchas de nosotras he padecido la deslealtad del hombre que se ama, la traición, la humillación, etc

Siempre supe que era un canalla, mujeriego y mentiroso. Pero qué me importaba, éramos “Bonnie and Clyde”, “Anastasia y Christian Gray”, locos, con una obscuridad que nadie entendía. Podíamos intentar alejarnos pero sabíamos que era imposible, siempre regresaríamos a donde pertenecemos: “juntos”.

¡Qué tonta!, ¡qué estúpida! Eso pensaba, a mis casi 39 años viene alguien a decirme que soy la mujer más pendeja de este planeta, mientras recibía la puñalada por la espalda.

Yo lo amaba, como esos amores de libros, como “Romeo y Julieta”, amaba todo lo que era, con sus peores defectos, con lo mejor que sabía hacer y con su lado obscuro. Así lollamo, ese lado que es el que más nos unía y nos convertía en cómplices y me volvía presa de la pasión, de una química inexplicable, de algo que nadie entendería.

Ésta será la última vez que escriba pensando en él, en ese bastardo que justifica la traición cambiando la realidad.

Esa noche las manos me temblaban, ¡estás loca! Al menos eso dijo él.

Y si lo estoy, ¿cómo no estarlo?, ¿cómo reaccionar al llegar a su departamento y verlo con otra ahí?, ¿cómo reaccionar, cuando dos días antes, me llenaba de él, nos llenábamos de pasión, besos, de decirnos cuánto nos amábamos? Así fue, dos días después ahí estaba, el mismo lugar, la música, las bebidas, todo igual que cuando nos vemos, pero no era yo…

Y sí, me volví loca, cualquiera lo haría. No podía dejar de patear su puerta, tirar todo lo que veía frente a mí, quería que le doliera como me dolía a mí el alma, ¡quería matarlo!

Y entre mis gritos, mi furia, mi desesperación, había una mujer encerrada en su baño y él no hizo nada para darme mi lugar. Comprendí que no valía ni un centavo, que era un narcisista, con el ego más alto al tener a una mujer “loca” por él.

Me puse tan violenta, que no lo podía creer. No era yo, no era yo.

Terminamos en golpes, gritos y ofensas. Fue ahí cuando entendí que yo no era nadie para él.

¡Qué tonta Julieta!, me dije mil veces mientras lloraba desconsolada y sentía morir.

“Eres el peor de los hombres”, “te odio”, le gritaba.

Lo único que me consuela es pensar que algún día se va a dar cuenta que nadie lo va a amar como yo lo hice, que nadie se llevaría su amor hasta la siguiente vida. Él siempre pensó que yo era como él y se equivocó, yo sí lo amé y lo amo con todo el dolor, lo acepto. Después de esto, ya nada será igual...

“Cualquiera podría amarte a la luz del sol, en los días tan claros como tú sonrisa, pero en el ocaso, cuando cae la noche obscura y todo se va de las manos, cuando salen nuestros miedos y los odios escondidos en rencores, yo te sigo amando, hasta cuando desaparezca el sol, hasta su último rayo, y luego de eso, aún más”

Muérete maldito!!!

A.A.S

Juan Alberto Hernández, nuestro terapeuta comenta:

Dentro del campo de la sexualidad, quizá el que genera más curiosidad es el relacionado con el erotismo.

Podemos entender que el erotismo se refiere a la búsqueda de placer por distintos caminos. En el campo de la sexualidad, se busca que las prácticas entre los participantes tengan algunas características que les permitan ser válidas, por ejemplo, que puedan ser placenteras, seguras, libres de coerción, discriminación y violencia. Por esto, existe un amplio abanico de opciones que tiene como finalidad el placer. Encontramos algunas que están en el extremo entre lo que permite la ley y no, por ejemplo, el dogging, expresión erótica sexual donde una pareja mantiene relaciones coitales en la vía pública; en algunas ocasiones, puede incluir la opción de contar con invitados que participan únicamente mirando. Quizá uno de los factores que más alientan a esta práctica es la posibilidad de ser sorprendido infraganti, lo que genera una mayor estimulación a los participantes.

Otra práctica es el King out o petting, el cual consiste básicamente en que en el momento erótico están permitidos: besos, caricias, frotes y roces, la única prohibición es el coito. En cambio podemos encontrar otras prácticas que muchas personas considerarían extremas. Entre ellas se encuentra la hipoxifilia, donde al momento de la relación coital se produce la asfixia de la pareja, buscando mezclar la sensación de lograr un orgasmo con la de privar del oxígeno para disfrutar de ese clímax. Esto sin duda requiere de una serie de consideraciones y cuidados, al igual que la práctica del sadomasoquismo que muchas personas sitúan como el mayor extremo entre las prácticas sexuales. A primera vista pareciera que esta práctica se resume en que, utilizando látigos, vestidos de piel o latex, entre de otras cosas, alguien golpea y la otra persona se deja golpear.

Sin embargo, para los verdaderos practicantes, existen una serie de cursos y técnicas que aprenden para poder poner en escena estas representaciones que también les generan placer, siempre tomando en cuenta que hay un acuerdo previo. Como ya se ha mencionado, la parte importante es que cualquiera que sea el camino hacia el placer, deben de existir una serie de condiciones de cuidado, respeto y acuerdo, que permitan que la vivencia de la sexualidad sea plena.

Newmahr, S. (2010). Rethinking kink: Sadomasochism as serious leisure. Qualitative Sociology, 33(3), 313-331. doi:10.1007/s11133-010-9158-9

LIBERAR PARA AVANZAR

 

 

Julieta nos cuenta...

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Obra de arte por Irene García
Narrativa por Julieta
Texto por Juan Alberto Hernández

 

Soy de esas personas que odia la monotonía; odia hacer lo mismo, comer lo mismo, hacer la misma
rutina y no se diga, a la misma persona en la cama por los siglos de los siglos. El mismo sapo de cenar
habiendo unos manjares a tu alrededor.

¡¡¡Dame un brake!!! No soy de nadie, no tengo dueño, no me
digas qué hacer, porque será lo que más me guste hacer.
Rutina total: ¡Puedo sentir que muero! Levantarte todas las
mañanas, recoger, desayunar, ir al trabajo, regresar a casa,
cenar, coger y dormir. ¡¡¡¡Nooooo!!!! Mientras más envejezco,
me doy cuenta que me gusta sentir que aún levanto miradas,
pensamientos pecaminosos y deseos. Quiero sentirme
viva; sentir como otros brazos me aprietan fuerte a su cuerpo;
como deseo a otra persona y ésa me desea a mí.
Sentirme viva de nuevo, sentir que mis pezones estallan al
roce de un cuerpo ajeno, sentir que mi piel se eriza al sentir
la caricia de una mano que no conoce nada de ti.

Esto es excitante, es sentirte joven y bella de nuevo, es llenar el saco
de banalidades para poder sobrevivir otra temporada de
invierno.
Como dice J. Sabina “ y esas caderas que estaban hechas
para pecar”…
¿Seré mala persona? ¿Seré la única? ¿Estoy hecha para pecar?
No lo sé, ¡pero qué delicia disfrutar del placer de amar en
silencio, de esos amores de riesgos, de pasiones, de misterio...
labios que besan sin pudores, ferozmente!
Al final de cuentas, me gusta la gente loca por vivir, que
arde, que nunca bosteza.

Juan Alberto Hernández, nuestro

terapeuta

comenta:

 

El ser humano está en un constante desarrollo. A medida
que vamos creciendo, nuestras relaciones también lo hacen.
Dentro de los elementos que forman parte de este crecimiento
encontramos el envejecimiento, la estabilidad y, en
muchos casos, la rutina. En ese sentido, algunos de los factores
más comunes que se presentan en el desarrollo de la
vida en pareja y que disminuyen tanto el deseo sexual como
el de convivir con la otra persona son: no sentirse apegados
emocionalmente a la pareja, padecer alguna enfermedad y
el estrés. Para muchas mujeres la presencia de estos factores
trae como consecuencia un cuestionamiento que parece muy simple:

“¿Es conveniente darme vacaciones de mi pareja?”.

Frente a esta pregunta, algunas de nuestras lectoras podrían
responder: “¿Para qué darme vacaciones?” o “Es lo mismo darme
vacaciones que hacer lo que quiera a escondidas de mi pareja”. Si
analizamos más a detalle este tema podemos entender que
tomarse vacaciones implica romper la rutina, descansar y tener
la oportunidad de hacer otras cosas que regularmente
no realizamos. Sin embargo, la pregunta nos mueve a algo
más profundo; nos acerca a la reflexión sobre la necesidad de
desarrollarnos y reinventarnos para volver a enamorarnos de
nosotros mismos y de nuestra pareja. ¿Estás lista?

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FEROMONAS QUE IMPREGNAN

 

CUANDO TU AROMA HABLA A MI ALMA.

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 Obra de arte po:r Irene García.

Texto po:r Juan Alberto Hernández.

Narrativa por: Julieta.

Cada uno de mis sapos lograron conquistarme por lo que algunos llaman “química”, ese no sé qué que atrae a las personas; pero yo lo llamaría más sencillo: me conquistaron por su olor. Ese que puede ser tan fuerte y es capaz de volverte loca por alguien, o por el contrario, puede hacerte llegar a sentir asco.

Quizá mi sentido más desarrollado en la parte sexual es el olfato. Es curioso, pero el sapo que más ame podía derretirme con su aroma, su sudor, su sabor… aquel que dejaba en mi cama. Podía oler mis sábanas días atrás y volver a recordar la noche.

Después de haber estado juntos, mi cuerpo olía a él, el calor de la noche se convirtió en mi aroma entre sexo, pasión y él. Incluso me molestaba bañarme y quitármelo, pues me hacía sentir más suya que nadie. Mmm… ¡qué rico! Me hace suspirar cuando lo recuerdo. Él era especial en todo. Tanto, que yo era la única que lo podía comprender; su lado obscuro me excitaba al igual que su olor. Siempre tan especial entre miles de personas.

¡No sé por qué me dejó ir! Por qué lo dejé ir… nadie mejor que yo lo entendía. Le dije: no te vayas y se fue, sólo me queda mi piel que aún guarda su aroma y si cierro los ojos puedo olerlo de nuevo.

Y aunque se fue, sé que me recuerda, como yo lo hago cada amanecer. Lo recuerdo como el mejor de los afrodisiacos, tan excitante. De él todo me parecía delicioso, podía beber de mi boca el dulce néctar de su locura, podía escribir poemas con mis labios por todo su cuerpo. Él podía hacer conmigo lo que le diera la gana, fui su esclava, su amante, su amor y todo por su maldito olor que aún me cautiva.

Creo que nunca quise que se fuera, no sé ahora a quien está engañando y seduciendo, a quien le estará diciendo: te amo. Sólo sé que lo extraño y que sólo me queda el consuelo de imaginarlo; cerrando los ojos e intentando recordarlo

.  Fuimos principio y final, obscuridad y luz, amor y odio. ¡Fuimos todo!

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Día con día, todas las personas tenemos la oportunidad de cruzar nuestra existencia con alguien más; a veces son algunos segundos, a veces dura toda la vida. En muchas ocasiones ponemos atención, y en otras simplemente es desapercibido. A veces es una mirada, o una palabra lo que nos atrapa. Qué ocurre cuando conocemos a una persona y nos resulta atractiva, pero al momento de acercarnos, sentimos que algo se perdió: quizá la respuesta se encuentra en nuestra nariz.

A diferencia de cualquier otro de nuestros sentidos, el olfato es el único con el que simplemente no podemos fingir. A simple vista, esto parece una situación tan simple como que la persona huela a alguna loción o perfume, o como nos decimos que “huela a limpio”. Sin embargo, no conviene menospreciar a nuestro olfato pues con él somos capaces de identificar, entre tantas cosas, la atracción hacia una persona, disfrutar de los olores de nuestra comida, reconocer un lugar o hasta el periodo del ciclo menstrual en el que se encuentra una mujer. 

Nuestra nariz juega un papel tan importante en la atracción, que con nuestro olfato podemos identificar una serie de características de la persona como su orientación sexual, además de que nos permite recordar más ampliamente. Esto principalmente se lleva a cabo cuando identificamos la “huella olfativa” de la otra persona, este reconocimiento está asociado a sus olores corporales y no sólo se limita a las feromonas. Lo más interesante y creativo del asunto es que con algunas personas nos sentimos más atraídos por su sudor y demás olores que por las fragancias o jabones que utilice.

Así que ya sabes para identificar estos olores cautivantes, actívate y vete a hacer ejercicio con esa persona, si al terminar la chispa continúa o incluso se ha incrementado, hazle caso a tu nariz y pídele otra cita.

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