Queramos a las suegras

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Tengo un amigo al que le dolió más perder a su suegra que a la mujer con la que había abonado a una relación de más de un lustro.Si bien, ganarse y preservar el amor de su ahora ex novia le costó incontables intentos y varios fracasos, el verdadero dolor de la pérdida consistía en imaginar que ya no contaría con la invaluable compañía de su querida suegra.

¿Había algo mal en la relación de mi amigo con su novia o con su suegra? No necesariamente. Ganarse el respeto y afecto de la madre de tu pareja es un logro aún más destacado que fincar una relación sentimental con alguien en igualdad de condiciones. El cariño de suegra es un cariño mucho más racional y complejo. Para llegar a obtenerlo es preciso pasar una serie de filtros: desde los que el largamente desarrollado instinto materno impone a las aspiraciones sentimentales del incipiente noviecito, hasta los suspicaces cuestionamientos que la experiencia femenina sin piedad arroja al recién oficializado novio. De las suegras todas las preguntas se pueden y se deben esperar y responder con galante maestría porque igual de malo que una novia insatisfecha es una suegra no convencida.

Por otro lado, el camino para llegar al corazón de la suegra también va revestido de una larga lista de checkpoints que deben ser cubiertos. Desde la rigurosa “primera impresión” (en estos casos cuenta muchísimo, nunca subestimen su poder), hasta los elogios a la belleza, la lozanía, el sazón, el buen gusto, la inteligencia y la infalibilidad de sus juicios y decisiones. Tampoco se deben omitir los detalles, regalos, felicitaciones y saludos cada vez que una ocasión lo amerite. Suena más a un juego de halagos y lisonjerías, pero hay que recordar que a diferencia del trabajo que implica ganarse el amor de la pareja, el cariño de la suegra es un regateo constante en el que la susodicha no tiene nada que perder.

Todo el anterior esfuerzo, por supuesto, guarda sus recompensas: tener ganada la simpatía de la suegra es tener andado un buen trecho de camino si es que guardamos intenciones de fincar una vida a mediano o largo plazo con nuestra pareja. Además, en las inevitables  visitas  familiares donde concurren la falsedad  y el inflexible escrutinio de hermanos tíos, primos, sobrinos y parientes políticos, contar con la suegra como aliada para defender la historia de que “él es un hombre diferente que sabe valorar a mi hija” es, indudablemente el más sólido apoyo del que se puede disponer. Por si fuera poco, y aunque parezca inverosímil, la suegra puede convertirse en una verdadera amiga con la que que se pueden enriquecer las experiencias y los buenos momentos que depara la integración a la dinámica familiar de nuestra pareja.

Mi amigo y su otrora suegra aún se frecuentan. Su relación de amistad prevaleció pese a la firme oposición de la ex de mi amigo (oh, paradoja) y su convivencia deja claro que, dependiendo de cómo manejemos nuestras cartas, una ruptura bien puede ser una catástrofe o la oportunidad de volver entrañables amigos a quienes inicialmente creímos nuestros antagonistas. 

José Barba

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