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CAZANDO EL AMOR

mejorar relacion de pareja

 

Escrito por: Marco Fernando Hernández.

 

Cuando se habla del gran enigma de la vida en pareja, los elementos mágicos que la componen quedan de lado con la incursión del hombre como uno de los protagonistas de la obra maestra. No obstante, al reflexionar sobre lo “grandioso” que pueda ser esto en una especie de amor mutuo, es fundamental detenerse a pensar en ellas, pensar en la estrella principal es hablar de la interacción con la mujer.

De algún modo evocamos a la musa o inspiración que se anuda a él, en una especie de fusión, permitiéndole crear, recrearse, significar nuevas ideas y formas de ser en el mundo. Desde el origen de los tiempos venimos en par, y eso dice mucho acerca del apuntalamiento de nuestra evolución. En ese sentido se mantiene la idea del matrimonio como un subsistema para garantizar el orden del macro sistema social. Sin embargo, es evidente que actualmente están surgiendo todo tipo de ideas distintas; por ejemplo, hay hombres y mujeres que no desean casarse y que replantean su felicidad o éxito desde otros caminos.

¿A dónde voy con todo esto? A que la sociedad busca universalizar el bienestar, y eso conlleva la expectativa de encontrar a alguien para formar una familia y continuar con la estirpe. Este es el punto de quiebre donde chocan el significante lacaniano que el sujeto tenga sobre el éxito (formado por objetos, relaciones y síntomas que el sujeto utiliza para representarlo) y lo que se espera de él. Esto es algo que toma relevancia a cierta edad, en la que aumentan las presiones de las diferentes esferas de la sociedad que demandan verte ya sea casado, arrejuntado o con una pareja estable.

121201649 Couple wonderingCuando la regla no se cumple llueven comentarios de todo tipo: ¿Y para cuándo la boda?, ¿cuándo sentarás cabeza?, ¿piensas quedarte a vestir santos?, o la famosísima: ¿aún no tienes hijos?, ¡al tiro que se te va el tren!

Es un secreto a voces que en el matrimonio se sella un contrato con el otro, uno que nos dota de ciertos derechos a cambio de varias responsabilidades. En otras palabras, es el clásico: “sí, acepto” con todo y sus letras pequeñas, pero, ¿qué lleva a un sujeto al casamiento? ¿por qué se casan las personas?, Sigmund Freud hace hincapié en que quienes lo hacen no sospechan cuantos renunciamientos trae consigo el matrimonio y tampoco están conscientes de a lo que queda reducida la felicidad conyugal, tan apasionadamente deseada.

Quien esté casado, divorciado, separado o viva en unión libre entenderá el punto. Cuando acudimos a una boda, pensamos que es indispensable que los padres de los novios cooperen para la boda y que los amigos les regalen viajes, dinero, refrigera- dores y electrodomésticos, como queriendo trasmitir los mejores deseos a la pareja que decidió emprender una aventura a lo desconocido. Para quien decidió acortar algunos pasos en el trámite y vivir en unión libre, las “buenas vibras” son distintas: no existen regalos ni buenos deseos; la sociedad no percibe igual a estas parejas, creen que carecen de beneficios o derechos que las personas que se casan sí obtienen. Y qué decir del divorcio o la separación, un proceso complicado para cualquier persona.

Aunque no  podemos  generalizar, el matrimonio es una búsqueda de sentido vivencial o incluso metafísico a nuestras vidas por un lado; y por otra parte, es la constancia de la familia-sociedad de que vamos por buen camino, de que formamos parte de un todo. Considero también que una separación o divorcio parte del no saber, de haber emprendido un viaje a lo desconocido con altísimas expectativas, porque no creo que ninguna persona que esté enamorada, se case para separarse.

Algunos dirán que las personas se casan porque se quieren y no dudo que así sea, en muchos casos el amor es la piedra angular que permite a las parejas evolucionar y formar una familia. Sin embargo, también es cierto que muchos se casan a pesar de que des- conocen de qué se trata el matrimonio, o si realmente desean eso para sus vidas, ignoran lo que se pone en juego en la dinámica conyugal, de otro modo muchos lo reconsiderarían.

Viéndolo desde un sentido positivo, es importante reflexionar más allá de la simple decisión de casarse o no, si se está dispuesto a compartir con alguien más, a fin de que la unión tenga más que ver con el querer y no con el deber.

Se espera (torcidamente quizá), encontrar ese otro que tenga claro hacia dónde y con quién va, para ver si se empatan los deseos. Y si bien no podemos librarnos completamente de la presión social y demás factores externos que confluyen en el matrimonio, debemos aspirar a que estos no sean elementos decisivos para casarse o no. El matrimonio debe ser una decisión fundamentada en el amor y las ganas de permanecer al lado del otro en una de las utopías más bellas de la vida, sabiendo que nadie es eterno ni seguro, pero a pesar de eso buscar permanecer juntos, cazando al amor.

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