EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE LUCHA

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Escrito por Marco Fernando Hernández.
 
Hace ya tiempo que se le ha dado relevancia a la condición de millones de mujeres en el mundo de ser madres solteras , condición a la cual el ingenio mexicano ha llevado de la admiración y el respeto, a la burla y mofa en redes sociales, denominándolas “mamás luchonas” o también conocidas como “4x4”.

Al ser un apartado tan polémico y contrastante en opiniones, es evidente que el efecto social que pudieran tener dichos contenidos responde en parte al sexismo y machismo impuesto en una sociedad que lo sostiene desde distintos ángulos, al cual todos aportamos nues- tro grano de arena.

Por lo tanto, no es de mi interés profundizar ni tocar fibras sensibles en torno a la percepción social de dicho sector. Sin embargo, quizá sí sea probar un punto que tendrá que ver con el mismo posicionamiento, partien- do de la tan comentada equidad de género.

¿Porque nadie habla de los hombres? Pues sí, pareciera que caemos en el juego histérico, y ahora la demanda viene del género opuesto.

El punto es, ¿Qué pasa con los hombres separados?, obviamente estoy hablando de la “excepción” de aquel mínimo porcentaje que se salva y como dicen, aún valen la pena. En mi experiencia no es sencillo entablar algo sólido con alguien después de un rompimiento. La carta de presentación versa sobre lo relevante, más allá de las trivialidades, la máxima solía ser: “soy separado y tengo un hijo con mi ex”. Algo que puede hacer correr a la chica más intrépida o  perezosa.  Recuerdo  la  historia del primo de un amigo que recién terminaba una relación:

Transcurrido un año y habiendo tramitado mi separación, era la primera vez que me animaba a volver a las andadas, pues el cuerpo no era el mismo (ni el deseo). Aun así, corriendo con algo de suerte encontré una diosa con la cual congeniar, donde me estacione largo tiempo (1 año y medio), lo cual que era mucho para mí, ella pasó por alto muchísimas cosas, incluso el tiempo que yo le dedicaba a mi hijo, pues como no tenía la cer- teza de “a dónde iba lo nuestro” trataba de no involu- crarla en la relación con él. No les diré que todo iba bien, pero fue por mucho lo mejor, algo excelso que no esperaba… y que un buen día, termino. Su argumento.

– ¡Nunca seré tu prioridad! Tú tienes un hijo.

Yo entendía perfectamente a lo que se refería, no era desprecio o falta de comprensión de su parte. Ella me- rece alguien con una historia a su lado desde cero. Esto suponiendo que nos guste lo anticuado, ya que en la actualidad es usual encontrarte un mundo de personas divorciadas, separadas, felizmente solteras o empareja- das (no hay regla), pues creemos en los cambios a partir de nuestros errores, y lo reitero los nuestros, porque no entendemos una realidad hasta que nos sucede. Esa relación acabó como muchas otras, y resulta curio- so que a partir de ahí, si se pone la suficiente atención, encontramos patrones, si bien no a todas las damas  les importa tu pasado y si estas separado o tienes hijos (siempre que no seas un mediocre), pero la mayoría no entenderá en su totalidad tu condición de papá solte- ro. Eso me deja ver el granito de arena que hombres y mujeres aportamos para que se sostenga el sexismo en tiempos de equidad de género, donde hacemos me- mes de las mamás luchonas y hacemos menos a los papás “deudores”.

Sin duda la igualdad o equidad de género es utópica, quien piense lo contrario puede observar evidencias en nuestro comportamiento social que mantienen el orden establecido. Por lo que considero es menester normalizar la situación de millones de padres solteros en el mundo, innovando en el ajuste de percepción, para no caer en la victimización, pues sin duda ser madre o padre soltero no te hace especial. y ojo, con esto no pretendo desacreditar la hermosa labor que realizan al criar a sus hijos sin ayuda de la pareja progenitora, no obstante, marcar una distinción sólo acarrea un trato “distinto” y es ahí donde se jode nuestra hambre de equidad de género.

En este sentido la modernidad aporta un efecto devastador, es innegable que los tiempos han cambiado y por ende los comportamientos de las personas también, quizá sea por eso que hoy en día para algunos resulte grato burlarse de la situación que viven los solteros o separados con compromiso, aunado al hecho de que cada vez existen menores cosas por las cuales sentir un profundo respeto o admiración. Así mismo, enfatizo el uso del poder mediático que ofrecen las redes socia- les pudiendo ser utilizado de manera constructiva, y no sólo para hacer mofa de las diferencias. En todo caso las redes son solo un reflejo de la cosmovisión social, es decir, si existe poco o nulo respeto hacia todo y todos, es quizá una señal del valor que hemos perdido en lo individual, disfrazándolo de libertad para hacer o decir casi cualquier cosa.

y es ahí cuando me pregunto, ¿no podríamos rescatar algo constructivo? y más allá de eso, ¿no podríamos romper nuestros paradigmas culturales en torno a las mamás o papás luchones 4x4 y verlos tal cual son? , personas con hijos. Abrir nuestra mente para las segundas y terceras oportunidades para ser mejores, creyendo en el otro independientemente de  parecer  un  ser errante, porque al final, ¿quién no lo es? Entenderlo nos hace personas,  pero  llevarlo  a  la  práctica  nos  da la empatía que le asigna un sentido, nos convierte en humanos orientados a la verdadera evolución.

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