¿Qué les agota la ilusión?

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Para comenzar debo decir que el título es demasiado femenino desde nuestro punto de vista de hombres. La naturaleza masculina es más directa, más aterrizada en el sentido de que muy pocos hombres hacen castillos en el aire respecto a las mujeres salvo que sean adolescentes recién estrenados en la mayoría de edad. En pocas palabras no nos hacemos tantos castillos en el aire y menos cuando tenemos un poco de experiencia con las mujeres.

En general, entramos a una relación con ideas muy claras: hacer un proyecto juntos, divertirnos con nuestra chica, viajar o poner un negocio —aunque es mejor pensarlo fuera de casa para no traer problemas al hogar, sobre todo si tu socia principal duerme en la misma cama—; formar una familia podría ser el proyecto más trascendente para nosotros, la razón para “ilusionarnos” aunque no le llamemos así.

¿Qué nos apaga? Creo que esa sería la mejor manera de elaborar la pregunta. Nos Apaga el descuido personal de nuestra compañera, el abandono, aunque muchas veces éste pueda ser causado por atender a un bebé recién llegado a la familia. Sí, sé que suena cruel que después de lo que a una mujer le cuesta traer una nueva alma al mundo deba encontrar el tiempo o tener las ganas de arreglarse un poco pero sucede. Queramos o no se va perdiendo el atractivo y a esto se le suma el mal humor cotidiano.

Los hombres somos más ligeros con eso, porque cuando llegamos a casa queremos o pretendemos dejar el conflicto que nos causa el salir a ‘perseguir la chuleta’ y enfrentar el mundo agresivo para llegar a un remanso de paz, y ¡zaz! Llegamos a casa y tenemos que enfrentar el conflicto más duro de todos, el que se genera a nuestro parecer de manera gratuita, o sea, desde nuestro punto de vista, el conflicto que no es conflicto al lado de las penurias que estamos pasando con el trabajo y que mantenemos muchas veces en secreto.

Otra cosa que nos desconecta es la indiferencia de nuestra compañera, sobre todo cuando hay presiones económicas y la falta de respeto a nuestro espacio personal. La naturaleza femenina invade sin darse cuenta, y cuando se trata de convivencia rutinaria bajo el mismo techo vamos sintiéndonos cada vez más apretujados hasta que explotamos, a su vez puede suceder que nuestra compañera deja de tener las atenciones que nos hacían sentir en pareja, y no digo que no pueda ser alrevés pero ese sería tema de la sección “Ellas piensan” y no me compete.

Hombres de muchas flores

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La fidelidad o deseo de permanencia con una sola pareja sentimental depende de varios factores. El cultural es muy determinante, también lo es el nivel de testosterona de cada individuo y su edad, que también entra en juego.

A mayor nivel de testosterona, mayor impulso animal y menos sencillo es contener el impulso sexual y por lo tanto permanecer fiel. Y recordando lo que es atávico a la condición humana y que es el instinto de procreación, pues diríamos que es ‘natural’ que el macho ande siempre buscando, aún inconscientemente, dónde depositar su semilla.

Ahora bien, en la historia de la humanidad los infieles no han sido solamente los hombres, también lo han sido las mujeres, sin embargo se les restringía (aún pasa en algunos países) de una manera cruel el ejercicio de su sexualidad y la potestad sobre su propio cuerpo. Ahora que las cosas han cambiado vemos que el porcentaje de infieles es prácticamente el mismo.

La mujer tal vez buscando reconocimiento a su belleza, amor y reafirmándose como dueña de su cuerpo y sus impulsos, se ha lanzado abiertamente al juego sexual, sin barreras y al margen de la moralidad, moralidad que incluso la misma iglesia se ha encargado de devaluar con el comportamiento de sus propios oficiantes.

Toda esta disertación no responde a la pregunta que da pie a este artículo (¿Qué piensan los hombres de la infidelidad?), porque dicha respuesta es tan sencilla que el artículo tendría cuando mucho dos líneas, así que daremos unas vueltas más sobre el tema para que dicha respuesta tenga sustento en el intelecto del lector.

Cuando una pareja se encuentra bien sexualmente, cuando la calidad orgásmica de la relación es elevada, se experimenta una derrama de la hormona oxitocina y esto determina de manera inmediata el desear volver a estar con esa persona y conservarla como pareja. Se dice que la oxitocina es la hormona de la “pertenencia”, nos sentimos parte de esa otra persona y no deseamos dejarla. Ahora bien, en la mayoría de los casos no se encuentra una constancia en esa derrama hormonal por las vicisitudes de la vida cotidiana y ese lazo comienza a diluirse, ahí es cuando la adicción a ese estado de excitación sexual y amoroso nos hace presa y podemos sintonizar con un tercero que anda en busca de lo mismo: “Salir del aburrimiento, darse un respiro, volver a sentir”.

Los hombres decimos que tenemos la edad de la piel que acariciamos. Cada quien decide hasta dónde juega, sabiendo lo que arriesga, pero el impulso está ahí, existe y es un absurdo negarlo. Es muy energizante beber el néctar de varias flores, siempre y cuando estemos dispuestos a pagar el precio.

El sexo sentido

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Por Froylán Cabuto

La trilogía de libros que inicia con Cincuenta sombras de Grey abrió los ojos al mundo cuando expuso que las mujeres adolescentes, universitarias y casadas son las mayores lectoras de novelas eróticas. Subsecuentemente la película, basada en el primer libro y cargada de escenas sensuales con tono sadomasoquistas y más o menos explícitas, cautivó la atención de aquellas mujeres que no habían leído el libro. Inequívocamente, podemos deducir que las mujeres modernas son de mentalidad amplia en cuanto a temas eróticos y se aventuran al uso de juguetes sexuales.

Los juguetes sexuales pueden traer grandes beneficios cuando se incorporan a la rutina amorosa, ya sea si estás en pareja, si deseas explorar tus inquietudes eróticas o simplemente mitigar tus deseos en la intimidad de la alcoba. Usarlos con tu pareja ayuda a crear una conexión sexual profunda y fortalece la unión. También pueden llevarte a ti y a tu cónyuge a un punto máximo de excitación, provocando un orgasmo tan intenso que podría cambiar la dinámica con la que se conducen en la cama. En resumen, contribuyen a que tengas una vida sexual más placentera.

Dejando claro que el uso de los juguetes sexuales ya es aceptado por muchas mujeres, surge la pregunta ¿qué opinan los hombres al respecto? En lo personal yo me considero aventurero y de mente abierta, sin embargo en el afán de ofrecerles un panorama más completo decidí hacer un sondeo entre mis amigos. 

Cautelosamente abordé el tema y me di cuenta que los hombres son más renuentes al uso de juguetes. La mayoría de los entrevistados no incorpora métodos alternos en sus relaciones por dos razones: se sienten suficientes para complacer sexualmente a sus parejas o simplemente están conformes con el método tradicional.  No obstante, la mayoría estaría dispuesto a experimentar e incorporar los juguetes si sus parejas se  muestran interesadas o son ellas quienes lo proponen.

Un aspecto interesante que descubrí es el temor de ser reemplazados por el juguete sexual. Uno de mis encuestados contó que dudó de su capacidad para complacer  a su mujer luego de que ella sugiriera el uso de un consolador que medía el doble que su pene. Se sintió inseguro y temió que su novia se encariñara más con el objeto. Pero un consolador jamás podrá reemplazarnos, porque ellos no besan, no acarician, no dan placer oral, ni susurran al oído. Son sólo instrumentos para exacerbar el placer.

Por otro lado, la minoría de los participantes que dijeron sí utilizar juguetes sexuales, increíblemente son casados y muy seguros de su desempeño sexual, además,  en su vida de solteros ya habían experimentado con juguetes eróticos. Estos hombres incorporan vibradores o dildos en la fase de estimulación previa al coito o aros plásticos (estos ayudan a mantener la erección por más tiempo y pueden prolongar el orgasmo. La típica muñeca inflable no podía faltar pero esta es un accesorio típico del hombre soltero. Y por último, los estimuladores para la próstata conocida como el punto P del hombre. Sólo el dos por ciento de ellos ha experimentado con estos juguetes. Es indudable que la mayoría de los heterosexuales no desean experimentar con el punto P porque todavía existe el tabú o el prejuicio que la estimulación de la próstata ‘quita’ la hombría. En realidad el punto P es una zona sensible que pudiera llevar al hombre a tener múltiples orgasmos.

Te preguntarás cómo podrías iniciar una conversación con tu pareja acerca del uso de juguetes eróticos. Podrías abordar el tema mientras ven un programa de televisión, cuando caminen con su mascota o simplemente mientras toman una taza de café o su bebida favorita. No te recomiendo que lo traigas a colación durante un momento de intimidad porque podrías mandar una señal equivocada a tu pareja de que no es suficiente, especialmente si eres una mujer muy sexual. Una vez que hayas logrado inducir a tu pareja en el mundo de los juguetes sexuales y que él se haya graduado con honores, sugiérele explorar su punto P. Te lo agradecerá siempre.

Todo mundo habla de sexo a cada oportunidad que se presente. Son temas recurrentes en las reuniones de amigas o entre los hombres en el gimnasio, ¿entonces por qué no hablar abiertamente de juguetes eróticos con tu pareja?  Te reto a que te atrevas y des el primer paso que te llevará a una vida sexual plena. Diviértete experimentando en la intimidad de tu habitación con tu amado.

Mujeres víctimas de su propia inseguridad

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Por Duque Barrón.
Comenzaré este artículo con la misma frase con la que lo terminaré: “A las mujeres no hay que tratar de entenderlas, basta con amarlas”. Como hombres, es nuestra única alternativa para evitar vivir en constante frustración. A lo largo de mi vida he encontrado mujeres tan seguras de sí mismas que hasta pareciera no tienen hormonas femeninas; con estas mujeres es fácil convivir si uno tiene también seguridad personal y alta autoestima, pero las que son víctimas de sus propias hormonas se cuecen en otro caldero, y digo caldero porque se convierten de hechiceras en brujas cuando viene alguna alteración y ni ellas mismas se aguantan, menos se entienden.
Ya no es cuestión de la educación familiar pienso yo, pues por la influencia de la televisión, el cine comercial y todo el marketing aspiracional se han vuelto víctimas de la insatisfacción constante. Obvio nunca se sentirán a gusto consigo mismas porque siempre están comparándose con alguien que ocupa escenarios que han sido creados con el objeto de manipularlas.
Una mujer así sólo quiere que la escuchen, no desea realmente escuchar ni consejo ni halago, pues de entrada lo único que busca es camorra, algún pretexto para soltar sus frustraciones artificialmente creadas por el sistema.
¿Sabían que la industria de la moda se nutre principalmente de las mujeres, sin importar su estatus socioeconómico o si tienen una posición acomodada? Cuando una mujer se siente gorda, fea o incapaz en el ámbito familiar o profesional no hay poder humano que la pueda desmentir, y a quien lo intente se le puede ir la vida en ello o al menos recibir un buen ‘descolón’.
Las mujeres son contradictorias por naturaleza, definitivamente no debe ser fácil ser mujer, aunque como compensación tienen una magia que nos ata a ellas y seguimos buscándolas en el afán de vivir un poco de ese mundo inexplicable.
Cuántas mujeres hemos conocido que con una alarmante facilidad se salen del espacio-tiempo, son como Dori de Buscando a Nemo, y si un hombre desea entrar en esa dimensión tiene que volverse Yogui y meditar tal vez por años, hasta lograr liberarse de este plano dimensional y entrar en el plano Etérico en el que ellas están siempre. Resumiendo: “A las mujeres no hay que tratar de entenderlas, basta con amarlas.”

CAZANDO EL AMOR

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Escrito por: Marco Fernando Hernández.

 

Cuando se habla del gran enigma de la vida en pareja, los elementos mágicos que la componen quedan de lado con la incursión del hombre como uno de los protagonistas de la obra maestra. No obstante, al reflexionar sobre lo “grandioso” que pueda ser esto en una especie de amor mutuo, es fundamental detenerse a pensar en ellas, pensar en la estrella principal es hablar de la interacción con la mujer.

De algún modo evocamos a la musa o inspiración que se anuda a él, en una especie de fusión, permitiéndole crear, recrearse, significar nuevas ideas y formas de ser en el mundo. Desde el origen de los tiempos venimos en par, y eso dice mucho acerca del apuntalamiento de nuestra evolución. En ese sentido se mantiene la idea del matrimonio como un subsistema para garantizar el orden del macro sistema social. Sin embargo, es evidente que actualmente están surgiendo todo tipo de ideas distintas; por ejemplo, hay hombres y mujeres que no desean casarse y que replantean su felicidad o éxito desde otros caminos.

¿A dónde voy con todo esto? A que la sociedad busca universalizar el bienestar, y eso conlleva la expectativa de encontrar a alguien para formar una familia y continuar con la estirpe. Este es el punto de quiebre donde chocan el significante lacaniano que el sujeto tenga sobre el éxito (formado por objetos, relaciones y síntomas que el sujeto utiliza para representarlo) y lo que se espera de él. Esto es algo que toma relevancia a cierta edad, en la que aumentan las presiones de las diferentes esferas de la sociedad que demandan verte ya sea casado, arrejuntado o con una pareja estable.

121201649 Couple wonderingCuando la regla no se cumple llueven comentarios de todo tipo: ¿Y para cuándo la boda?, ¿cuándo sentarás cabeza?, ¿piensas quedarte a vestir santos?, o la famosísima: ¿aún no tienes hijos?, ¡al tiro que se te va el tren!

Es un secreto a voces que en el matrimonio se sella un contrato con el otro, uno que nos dota de ciertos derechos a cambio de varias responsabilidades. En otras palabras, es el clásico: “sí, acepto” con todo y sus letras pequeñas, pero, ¿qué lleva a un sujeto al casamiento? ¿por qué se casan las personas?, Sigmund Freud hace hincapié en que quienes lo hacen no sospechan cuantos renunciamientos trae consigo el matrimonio y tampoco están conscientes de a lo que queda reducida la felicidad conyugal, tan apasionadamente deseada.

Quien esté casado, divorciado, separado o viva en unión libre entenderá el punto. Cuando acudimos a una boda, pensamos que es indispensable que los padres de los novios cooperen para la boda y que los amigos les regalen viajes, dinero, refrigera- dores y electrodomésticos, como queriendo trasmitir los mejores deseos a la pareja que decidió emprender una aventura a lo desconocido. Para quien decidió acortar algunos pasos en el trámite y vivir en unión libre, las “buenas vibras” son distintas: no existen regalos ni buenos deseos; la sociedad no percibe igual a estas parejas, creen que carecen de beneficios o derechos que las personas que se casan sí obtienen. Y qué decir del divorcio o la separación, un proceso complicado para cualquier persona.

Aunque no  podemos  generalizar, el matrimonio es una búsqueda de sentido vivencial o incluso metafísico a nuestras vidas por un lado; y por otra parte, es la constancia de la familia-sociedad de que vamos por buen camino, de que formamos parte de un todo. Considero también que una separación o divorcio parte del no saber, de haber emprendido un viaje a lo desconocido con altísimas expectativas, porque no creo que ninguna persona que esté enamorada, se case para separarse.

Algunos dirán que las personas se casan porque se quieren y no dudo que así sea, en muchos casos el amor es la piedra angular que permite a las parejas evolucionar y formar una familia. Sin embargo, también es cierto que muchos se casan a pesar de que des- conocen de qué se trata el matrimonio, o si realmente desean eso para sus vidas, ignoran lo que se pone en juego en la dinámica conyugal, de otro modo muchos lo reconsiderarían.

Viéndolo desde un sentido positivo, es importante reflexionar más allá de la simple decisión de casarse o no, si se está dispuesto a compartir con alguien más, a fin de que la unión tenga más que ver con el querer y no con el deber.

Se espera (torcidamente quizá), encontrar ese otro que tenga claro hacia dónde y con quién va, para ver si se empatan los deseos. Y si bien no podemos librarnos completamente de la presión social y demás factores externos que confluyen en el matrimonio, debemos aspirar a que estos no sean elementos decisivos para casarse o no. El matrimonio debe ser una decisión fundamentada en el amor y las ganas de permanecer al lado del otro en una de las utopías más bellas de la vida, sabiendo que nadie es eterno ni seguro, pero a pesar de eso buscar permanecer juntos, cazando al amor.

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