El sexo sentido

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Por Froylán Cabuto

La trilogía de libros que inicia con Cincuenta sombras de Grey abrió los ojos al mundo cuando expuso que las mujeres adolescentes, universitarias y casadas son las mayores lectoras de novelas eróticas. Subsecuentemente la película, basada en el primer libro y cargada de escenas sensuales con tono sadomasoquistas y más o menos explícitas, cautivó la atención de aquellas mujeres que no habían leído el libro. Inequívocamente, podemos deducir que las mujeres modernas son de mentalidad amplia en cuanto a temas eróticos y se aventuran al uso de juguetes sexuales.

Los juguetes sexuales pueden traer grandes beneficios cuando se incorporan a la rutina amorosa, ya sea si estás en pareja, si deseas explorar tus inquietudes eróticas o simplemente mitigar tus deseos en la intimidad de la alcoba. Usarlos con tu pareja ayuda a crear una conexión sexual profunda y fortalece la unión. También pueden llevarte a ti y a tu cónyuge a un punto máximo de excitación, provocando un orgasmo tan intenso que podría cambiar la dinámica con la que se conducen en la cama. En resumen, contribuyen a que tengas una vida sexual más placentera.

Dejando claro que el uso de los juguetes sexuales ya es aceptado por muchas mujeres, surge la pregunta ¿qué opinan los hombres al respecto? En lo personal yo me considero aventurero y de mente abierta, sin embargo en el afán de ofrecerles un panorama más completo decidí hacer un sondeo entre mis amigos. 

Cautelosamente abordé el tema y me di cuenta que los hombres son más renuentes al uso de juguetes. La mayoría de los entrevistados no incorpora métodos alternos en sus relaciones por dos razones: se sienten suficientes para complacer sexualmente a sus parejas o simplemente están conformes con el método tradicional.  No obstante, la mayoría estaría dispuesto a experimentar e incorporar los juguetes si sus parejas se  muestran interesadas o son ellas quienes lo proponen.

Un aspecto interesante que descubrí es el temor de ser reemplazados por el juguete sexual. Uno de mis encuestados contó que dudó de su capacidad para complacer  a su mujer luego de que ella sugiriera el uso de un consolador que medía el doble que su pene. Se sintió inseguro y temió que su novia se encariñara más con el objeto. Pero un consolador jamás podrá reemplazarnos, porque ellos no besan, no acarician, no dan placer oral, ni susurran al oído. Son sólo instrumentos para exacerbar el placer.

Por otro lado, la minoría de los participantes que dijeron sí utilizar juguetes sexuales, increíblemente son casados y muy seguros de su desempeño sexual, además,  en su vida de solteros ya habían experimentado con juguetes eróticos. Estos hombres incorporan vibradores o dildos en la fase de estimulación previa al coito o aros plásticos (estos ayudan a mantener la erección por más tiempo y pueden prolongar el orgasmo. La típica muñeca inflable no podía faltar pero esta es un accesorio típico del hombre soltero. Y por último, los estimuladores para la próstata conocida como el punto P del hombre. Sólo el dos por ciento de ellos ha experimentado con estos juguetes. Es indudable que la mayoría de los heterosexuales no desean experimentar con el punto P porque todavía existe el tabú o el prejuicio que la estimulación de la próstata ‘quita’ la hombría. En realidad el punto P es una zona sensible que pudiera llevar al hombre a tener múltiples orgasmos.

Te preguntarás cómo podrías iniciar una conversación con tu pareja acerca del uso de juguetes eróticos. Podrías abordar el tema mientras ven un programa de televisión, cuando caminen con su mascota o simplemente mientras toman una taza de café o su bebida favorita. No te recomiendo que lo traigas a colación durante un momento de intimidad porque podrías mandar una señal equivocada a tu pareja de que no es suficiente, especialmente si eres una mujer muy sexual. Una vez que hayas logrado inducir a tu pareja en el mundo de los juguetes sexuales y que él se haya graduado con honores, sugiérele explorar su punto P. Te lo agradecerá siempre.

Todo mundo habla de sexo a cada oportunidad que se presente. Son temas recurrentes en las reuniones de amigas o entre los hombres en el gimnasio, ¿entonces por qué no hablar abiertamente de juguetes eróticos con tu pareja?  Te reto a que te atrevas y des el primer paso que te llevará a una vida sexual plena. Diviértete experimentando en la intimidad de tu habitación con tu amado.

Mujeres víctimas de su propia inseguridad

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Por Duque Barrón.
Comenzaré este artículo con la misma frase con la que lo terminaré: “A las mujeres no hay que tratar de entenderlas, basta con amarlas”. Como hombres, es nuestra única alternativa para evitar vivir en constante frustración. A lo largo de mi vida he encontrado mujeres tan seguras de sí mismas que hasta pareciera no tienen hormonas femeninas; con estas mujeres es fácil convivir si uno tiene también seguridad personal y alta autoestima, pero las que son víctimas de sus propias hormonas se cuecen en otro caldero, y digo caldero porque se convierten de hechiceras en brujas cuando viene alguna alteración y ni ellas mismas se aguantan, menos se entienden.
Ya no es cuestión de la educación familiar pienso yo, pues por la influencia de la televisión, el cine comercial y todo el marketing aspiracional se han vuelto víctimas de la insatisfacción constante. Obvio nunca se sentirán a gusto consigo mismas porque siempre están comparándose con alguien que ocupa escenarios que han sido creados con el objeto de manipularlas.
Una mujer así sólo quiere que la escuchen, no desea realmente escuchar ni consejo ni halago, pues de entrada lo único que busca es camorra, algún pretexto para soltar sus frustraciones artificialmente creadas por el sistema.
¿Sabían que la industria de la moda se nutre principalmente de las mujeres, sin importar su estatus socioeconómico o si tienen una posición acomodada? Cuando una mujer se siente gorda, fea o incapaz en el ámbito familiar o profesional no hay poder humano que la pueda desmentir, y a quien lo intente se le puede ir la vida en ello o al menos recibir un buen ‘descolón’.
Las mujeres son contradictorias por naturaleza, definitivamente no debe ser fácil ser mujer, aunque como compensación tienen una magia que nos ata a ellas y seguimos buscándolas en el afán de vivir un poco de ese mundo inexplicable.
Cuántas mujeres hemos conocido que con una alarmante facilidad se salen del espacio-tiempo, son como Dori de Buscando a Nemo, y si un hombre desea entrar en esa dimensión tiene que volverse Yogui y meditar tal vez por años, hasta lograr liberarse de este plano dimensional y entrar en el plano Etérico en el que ellas están siempre. Resumiendo: “A las mujeres no hay que tratar de entenderlas, basta con amarlas.”

CAZANDO EL AMOR

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Escrito por: Marco Fernando Hernández.

 

Cuando se habla del gran enigma de la vida en pareja, los elementos mágicos que la componen quedan de lado con la incursión del hombre como uno de los protagonistas de la obra maestra. No obstante, al reflexionar sobre lo “grandioso” que pueda ser esto en una especie de amor mutuo, es fundamental detenerse a pensar en ellas, pensar en la estrella principal es hablar de la interacción con la mujer.

De algún modo evocamos a la musa o inspiración que se anuda a él, en una especie de fusión, permitiéndole crear, recrearse, significar nuevas ideas y formas de ser en el mundo. Desde el origen de los tiempos venimos en par, y eso dice mucho acerca del apuntalamiento de nuestra evolución. En ese sentido se mantiene la idea del matrimonio como un subsistema para garantizar el orden del macro sistema social. Sin embargo, es evidente que actualmente están surgiendo todo tipo de ideas distintas; por ejemplo, hay hombres y mujeres que no desean casarse y que replantean su felicidad o éxito desde otros caminos.

¿A dónde voy con todo esto? A que la sociedad busca universalizar el bienestar, y eso conlleva la expectativa de encontrar a alguien para formar una familia y continuar con la estirpe. Este es el punto de quiebre donde chocan el significante lacaniano que el sujeto tenga sobre el éxito (formado por objetos, relaciones y síntomas que el sujeto utiliza para representarlo) y lo que se espera de él. Esto es algo que toma relevancia a cierta edad, en la que aumentan las presiones de las diferentes esferas de la sociedad que demandan verte ya sea casado, arrejuntado o con una pareja estable.

121201649 Couple wonderingCuando la regla no se cumple llueven comentarios de todo tipo: ¿Y para cuándo la boda?, ¿cuándo sentarás cabeza?, ¿piensas quedarte a vestir santos?, o la famosísima: ¿aún no tienes hijos?, ¡al tiro que se te va el tren!

Es un secreto a voces que en el matrimonio se sella un contrato con el otro, uno que nos dota de ciertos derechos a cambio de varias responsabilidades. En otras palabras, es el clásico: “sí, acepto” con todo y sus letras pequeñas, pero, ¿qué lleva a un sujeto al casamiento? ¿por qué se casan las personas?, Sigmund Freud hace hincapié en que quienes lo hacen no sospechan cuantos renunciamientos trae consigo el matrimonio y tampoco están conscientes de a lo que queda reducida la felicidad conyugal, tan apasionadamente deseada.

Quien esté casado, divorciado, separado o viva en unión libre entenderá el punto. Cuando acudimos a una boda, pensamos que es indispensable que los padres de los novios cooperen para la boda y que los amigos les regalen viajes, dinero, refrigera- dores y electrodomésticos, como queriendo trasmitir los mejores deseos a la pareja que decidió emprender una aventura a lo desconocido. Para quien decidió acortar algunos pasos en el trámite y vivir en unión libre, las “buenas vibras” son distintas: no existen regalos ni buenos deseos; la sociedad no percibe igual a estas parejas, creen que carecen de beneficios o derechos que las personas que se casan sí obtienen. Y qué decir del divorcio o la separación, un proceso complicado para cualquier persona.

Aunque no  podemos  generalizar, el matrimonio es una búsqueda de sentido vivencial o incluso metafísico a nuestras vidas por un lado; y por otra parte, es la constancia de la familia-sociedad de que vamos por buen camino, de que formamos parte de un todo. Considero también que una separación o divorcio parte del no saber, de haber emprendido un viaje a lo desconocido con altísimas expectativas, porque no creo que ninguna persona que esté enamorada, se case para separarse.

Algunos dirán que las personas se casan porque se quieren y no dudo que así sea, en muchos casos el amor es la piedra angular que permite a las parejas evolucionar y formar una familia. Sin embargo, también es cierto que muchos se casan a pesar de que des- conocen de qué se trata el matrimonio, o si realmente desean eso para sus vidas, ignoran lo que se pone en juego en la dinámica conyugal, de otro modo muchos lo reconsiderarían.

Viéndolo desde un sentido positivo, es importante reflexionar más allá de la simple decisión de casarse o no, si se está dispuesto a compartir con alguien más, a fin de que la unión tenga más que ver con el querer y no con el deber.

Se espera (torcidamente quizá), encontrar ese otro que tenga claro hacia dónde y con quién va, para ver si se empatan los deseos. Y si bien no podemos librarnos completamente de la presión social y demás factores externos que confluyen en el matrimonio, debemos aspirar a que estos no sean elementos decisivos para casarse o no. El matrimonio debe ser una decisión fundamentada en el amor y las ganas de permanecer al lado del otro en una de las utopías más bellas de la vida, sabiendo que nadie es eterno ni seguro, pero a pesar de eso buscar permanecer juntos, cazando al amor.

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE LUCHA

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Escrito por Marco Fernando Hernández.
 
Hace ya tiempo que se le ha dado relevancia a la condición de millones de mujeres en el mundo de ser madres solteras , condición a la cual el ingenio mexicano ha llevado de la admiración y el respeto, a la burla y mofa en redes sociales, denominándolas “mamás luchonas” o también conocidas como “4x4”.

Al ser un apartado tan polémico y contrastante en opiniones, es evidente que el efecto social que pudieran tener dichos contenidos responde en parte al sexismo y machismo impuesto en una sociedad que lo sostiene desde distintos ángulos, al cual todos aportamos nues- tro grano de arena.

Por lo tanto, no es de mi interés profundizar ni tocar fibras sensibles en torno a la percepción social de dicho sector. Sin embargo, quizá sí sea probar un punto que tendrá que ver con el mismo posicionamiento, partien- do de la tan comentada equidad de género.

¿Porque nadie habla de los hombres? Pues sí, pareciera que caemos en el juego histérico, y ahora la demanda viene del género opuesto.

El punto es, ¿Qué pasa con los hombres separados?, obviamente estoy hablando de la “excepción” de aquel mínimo porcentaje que se salva y como dicen, aún valen la pena. En mi experiencia no es sencillo entablar algo sólido con alguien después de un rompimiento. La carta de presentación versa sobre lo relevante, más allá de las trivialidades, la máxima solía ser: “soy separado y tengo un hijo con mi ex”. Algo que puede hacer correr a la chica más intrépida o  perezosa.  Recuerdo  la  historia del primo de un amigo que recién terminaba una relación:

Transcurrido un año y habiendo tramitado mi separación, era la primera vez que me animaba a volver a las andadas, pues el cuerpo no era el mismo (ni el deseo). Aun así, corriendo con algo de suerte encontré una diosa con la cual congeniar, donde me estacione largo tiempo (1 año y medio), lo cual que era mucho para mí, ella pasó por alto muchísimas cosas, incluso el tiempo que yo le dedicaba a mi hijo, pues como no tenía la cer- teza de “a dónde iba lo nuestro” trataba de no involu- crarla en la relación con él. No les diré que todo iba bien, pero fue por mucho lo mejor, algo excelso que no esperaba… y que un buen día, termino. Su argumento.

– ¡Nunca seré tu prioridad! Tú tienes un hijo.

Yo entendía perfectamente a lo que se refería, no era desprecio o falta de comprensión de su parte. Ella me- rece alguien con una historia a su lado desde cero. Esto suponiendo que nos guste lo anticuado, ya que en la actualidad es usual encontrarte un mundo de personas divorciadas, separadas, felizmente solteras o empareja- das (no hay regla), pues creemos en los cambios a partir de nuestros errores, y lo reitero los nuestros, porque no entendemos una realidad hasta que nos sucede. Esa relación acabó como muchas otras, y resulta curio- so que a partir de ahí, si se pone la suficiente atención, encontramos patrones, si bien no a todas las damas  les importa tu pasado y si estas separado o tienes hijos (siempre que no seas un mediocre), pero la mayoría no entenderá en su totalidad tu condición de papá solte- ro. Eso me deja ver el granito de arena que hombres y mujeres aportamos para que se sostenga el sexismo en tiempos de equidad de género, donde hacemos me- mes de las mamás luchonas y hacemos menos a los papás “deudores”.

Sin duda la igualdad o equidad de género es utópica, quien piense lo contrario puede observar evidencias en nuestro comportamiento social que mantienen el orden establecido. Por lo que considero es menester normalizar la situación de millones de padres solteros en el mundo, innovando en el ajuste de percepción, para no caer en la victimización, pues sin duda ser madre o padre soltero no te hace especial. y ojo, con esto no pretendo desacreditar la hermosa labor que realizan al criar a sus hijos sin ayuda de la pareja progenitora, no obstante, marcar una distinción sólo acarrea un trato “distinto” y es ahí donde se jode nuestra hambre de equidad de género.

En este sentido la modernidad aporta un efecto devastador, es innegable que los tiempos han cambiado y por ende los comportamientos de las personas también, quizá sea por eso que hoy en día para algunos resulte grato burlarse de la situación que viven los solteros o separados con compromiso, aunado al hecho de que cada vez existen menores cosas por las cuales sentir un profundo respeto o admiración. Así mismo, enfatizo el uso del poder mediático que ofrecen las redes socia- les pudiendo ser utilizado de manera constructiva, y no sólo para hacer mofa de las diferencias. En todo caso las redes son solo un reflejo de la cosmovisión social, es decir, si existe poco o nulo respeto hacia todo y todos, es quizá una señal del valor que hemos perdido en lo individual, disfrazándolo de libertad para hacer o decir casi cualquier cosa.

y es ahí cuando me pregunto, ¿no podríamos rescatar algo constructivo? y más allá de eso, ¿no podríamos romper nuestros paradigmas culturales en torno a las mamás o papás luchones 4x4 y verlos tal cual son? , personas con hijos. Abrir nuestra mente para las segundas y terceras oportunidades para ser mejores, creyendo en el otro independientemente de  parecer  un  ser errante, porque al final, ¿quién no lo es? Entenderlo nos hace personas,  pero  llevarlo  a  la  práctica  nos  da la empatía que le asigna un sentido, nos convierte en humanos orientados a la verdadera evolución.

El síndrome de Peter Pan

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Escrito Por Duque Barrón

Aunque el Síndrome de Peter Pan (El hombre que nunca crece) fue acuñado   y aceptado en el año de 1983 con la publicación de un libro con ese nombre, deriva de situaciones propias de la era de la modernidad (post-industrial), don- de la exigencia social hacia el “desempeño” personal, según mi opinión, provoca una evasión de responsabilidades propias del individuo que por su edad, tendría que irse incorporando de manera responsable a la sociedad. Aunque no existe evidencia que demuestre que sea una enfermedad y no se encuentra listado en el MANUAL DIAGNÓSTICO ES- TADÍSTICO DE LOS TRASTORNOS MENTALES, tiene repercusiones serias tanto en la familia como en la sociedad y vale la pena hablar de éste, ya que hasta ahora el tratamiento que se sugiere es el que corresponde a toda neurosis, pues su característica más fuerte es la negación de la disfunción.

Independientemente de  la  ansiedad  y depresión constantes con que vive quien lo padece, queda obviamente la incapacidad para ser autosuficientes y para aceptar y reconocer el proceso de envejecimiento; todo esto, derivado del recuerdo de una infancia que se vivió bajo una coraza demasiado protectora por parte de los padres, una infancia “demasiado feliz”, qué ironía, ¿no?

El sujeto continúa viviendo protegido por una especie de coraza psicológica para no advertir el paso del tiempo pero, por una serie de circunstancias imprevisibles, esta coraza desaparece de vez en vez y lo deja desnudo frente al espejo de una vida dolorosamente irrealizada al lado de una pareja equivocada o en muchos casos en soledad absoluta y con una autoestima sumamente baja.

Entre  los  famosos  de  este  siglo tenemos a Michael Jackson, quien tenía tanta identificación con esa parte de la perso-nalidad infantil que mandó construir en su rancho un parque de diversiones al que llamó “Neverland Valley Ranch” en alusión a la tierra de “Nunca Jamás” don- de transcurre el cuento de Peter Pan. Si bien el talento impresionante con que Jackson contaba le permitió lograr una “realización” y hacer una aportación monumental a la música POP -ya sabemos su triste final-, pero desconocemos el estado actual de sus hijos, ¿cómo podemos imaginar que haya formado a estos seres cuando estaba en tal estado de negación de la adultez?

Yo pensaba en un principio que este padecimiento era propio de las sociedades sobreprotectoras como la latina, pero Sigmund Freud ya hablaba de la fijación, refiriéndose de alguna manera al estancamiento de la evolución de la personalidad.

Sin embargo, sabemos que en nuestra sociedad latina sobreprotectora encontramos muchísimos casos de personas que a los cuarenta años continúan viviendo con y de sus padres, algunos incluso se escudan en ser “eternos estudiantes”, aduciendo su gusto por aprender o pre- tendiendo realizar proyectos personales que jamás terminan. Estas personas lo- gran engañarnos muchas veces.

Ahora bien, el tema de “crecer” muchas veces implica negar la parte más pura de la personalidad que es la infancia, y aquí surge la controversia de identificar erró- neamente tal “pureza” con una enferme- dad psicológica.

¿A qué se refería Jesús con: “Bienaventurados los puros de corazón porque de ellos es el reino de los cielos”? Te lo dejo de tarea, yo ya me voy a ver una serie para adultos.

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