¡Bienvenidos a portugal!

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Cuando me enteré que viajaría a Portugal, jamás imaginé que viajaría a un país que sería tan interesante y diverso a nivel cultural. Castillos medievales, aldeas de calles adoquinadas y ciudades cautivadoras que te dan un paseo por la historia portuguesa, buena comida y paisajes idílicos que no imaginarías encontrar en ese lado del mundo.

Mi recorrido comenzó en Oporto, una ciudad que mezcla la historia con la modernidad y está llena de jóvenes que le dan una esencia especial a la ciudad que alberga poco más de 235,000 habitantes. La zona que no puedes dejar de conocer es la Ribeira, barrio histórico con laberinto de callejuelas medievales, declaradas Patrimonio Mundial, desembocan en el río Duero y en un paseo flanqueado por casitas de colores pastel y pequeñas tascas con una vista privilegiada del espectacular Puente de Dom Luís I. Lleno de atracciones, tiendas y restaurantes.

Se empieza en la Sé, catedral románica fortificada, que proporciona una panorámica espectacular de los tejados. Desde aquí se puede iniciar un paseo por los callejones del casco antiguo, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Es especialmente bonita la Rua das Flores, con sus casas con azulejos y balcones, pero también destacan la Igreja da Misericórdia, también cubierta de azulejos, las terrazas de los cafés y las tiendas especializadas.

Palácio da Bolsa, Jardim do Infante Dom Henrique y la Igreja de São Francisco, con su esplendor barroco, son espacios que también debes visitar por la zona de la Ribeira.

Resultado de imagen para BolhãoLos barrios de Aliados y Bolhão albergan boutiques, antiguos colmados, cafés con terraza e iglesias barrocas cubiertas de azulejos. Aquí es donde Oporto sale de compras, a comer y a divertirse por la noche, por los bares de moda.  Se puede dar un paseo por la monumental Avenida dos Aliados, de estilo beaux-arts, y luego visitar el Mercado do Bolhão, que abastece de pescado fresco del Atlántico. Al oeste se eleva la Torre dos Clérigos. Subiendo sus 225 escalones se disfrutará de estupendas vistas. Después vale la pena visitar la neogótica Livraria Lello, misma que fue replicada en la saga de Harry Potter.

La zona de Vila Nova de Gaia propone un viaje al nacimiento del oporto, en el s. XVII, las imponentes bodegas en la otra orilla del Duero permiten hacer visitas a los sótanos llenos de barricas, participar en catas (Ferreira, Sandeman, Taylor´s)  o cenar en terrazas con vistas del centro histórico de Oporto. Cruzando el Ponte de Dom Luís I se podrá ver una gran panorámica de la ciudad y del otro lado están las cuestas de Vila Nova de Gaia, donde se puede explorar el Mosteiro da Serra de Pilar, del s. XVII. Desde aquí se puede tomar el teleférico de Gaia y volver a la orilla.

Después de Oporto me transporté en tren a Aveiro, que es un pequeño pueblo conocido como la “Venecia de Portugal”, por las estilo góndolas en las que uno se transporta por el espacio. Es pequeñito, pero bien vale la pena conocerlo, ya que está de paso rumbo a Lisboa y la gente es muy amable.

Mi última parada fue Lisboa, una capital con excelentes enlaces de transporte (metro, tranvía) que hacen muy fácil el traslado por sus múltiples barrios. Bairro Alto y Chiado son dos personalidades muy distintas. Chiado invita a pasar el día comprando en boutiques, visitando galerías y relajándose en cafés. Bariro Alto, desenfadado y fiestero, es un mosaico de callejones repletos de tiendas de estilo cutre-chic, bistrós que abren hasta tarde y pequeños bares.

El Convento do Carmo es una buena introducción a la historia de Lisboa con sus fascinantes ruinas y los hallazgos arqueológicos que atesora. Después se puede ir al río y al Museu do Chiado para ver obras de Rodin y Jorge Vieira. Tras un paseo cuesta arriba o un rápido ascenso con el Elevador da Bica se llega al Miradouro de Santa Catarina.

La Lisboa con la que sueña el viajero: un castillo árabe, callejones adoquinados que serpentean hasta magníficos miradores, casas de colores con ropa tendida, todo eso se puede observar en los barrios de Alfama, Castelo y Graca. En esta parte de la ciudad la vida se vive en la calle.  Hay que visitar Castelo de São Jorge a primera hora para recorrer las murallas árabes sin mucha gente; el tranvía 28 para muy cerca.

Otro de los lugares que no puedes dejar de visitar es el elevador de Santa Justa, con sus 45 metros de altura, conecta la Baixa con el barrio del Chiado y es una de las atracciones turísticas obligadas de Lisboa.

A sólo 6 kilómetros de Lisboa se encuentra Belém, donde se encuentra el sublime Mosteiro dos Jerónimos y la iglesia. Pero lo realmente simbólico es explorar el gran pasado marítimo de Portugal visitando el icono de la era de los descubrimientos, la Torre de Belém.

Y por último, conocida como la Ciudad de los Palacios, Sintra es sin duda uno de los lugares más bellos de Portugal y a sólo 45 minutos en tren de Lisboa. Es un rincón en el que parece que el tiempo se hubiera detenido. Dos de los palacios más importantes: el Palacio da Pena y el Castelo dos Mouros. El lugar más visitado es sin duda el Palacio da Pena, uno de los máximos exponentes del estilo romántico y una de las principales residencias de la familia real portuguesa durante el siglo XIX. Este palacio, que ya forma parte del Patrimonio de la Humanidad protegido por la Unesco, parece estar flotando sobre enormes peñascos y a primera vista, llama la atención su colorido y su original mezcla de estilos arquitectónicos que se debe a la mentalidad romántica de la época, enormemente fascinada por todo lo exótico.  Al Castelo dos Mouros, se puede llegar a pie a través de un espectacular paseo entre promontorios rocosos cuyas vistas se extienden prácticamente hasta el Océano Atlántico. Esta fortificación fue construida en el siglo IX tras las invasiones musulmanas a la Península Ibérica.

Pero el lugar más sorprendente es la Quinta de la Regaleira, esta finca mandada construir a principios del siglo XX por un masón, es conocida por sus extraordinarios jardines repletos túneles subterráneos, murallas, capillas, esculturas, cascadas, cuevas y un impresionante pozo iniciático (que representa el infierno de Dante), la atracción estrella de la quinta.

Cocina portuguesa

Pan recién horneado, olivas, queso, vino tinto o fresco vinho verde (vino joven), oporto, pescado a las brasas, bacalao, carnes ahumadas… Los portugueses han llevado a la Resultado de imagen para cocina portuguesaPperfección el arte de cocinar platos sencillos y deliciosos. Ya sea que comas en las Bodegas, como ellos las llaman, en donde te atiende el dueño y te ofrece vino de la casa en botella a precio accesible y comida del día; prefieras comer en un mercado o tu presupuesto te ajuste para comer en los restaurantes en forma que podrás encontrar en cualquier ciudad de Portugal.

La panadería es uno de los puntos fuertes de Portugal, ya que encuentras tiendas que venden pan por doquier. Las más famosas son los pasteles de nata, y la más reconocida es una pastelería que inició en 1837 en Belém, y hasta la fecha sigue siendo la más reconocida.

Pero son los propios portugueses los que hacen que este país sea tan especial. Pese a su apariencia seca, se pueden encontrar personas amables que apoyan al turista en todo momento.

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