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La reciprocidad, ¿condición del amor?

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Sin duda alguna la comunión y la unidad son elementos claves de un amor compartido; ¿pero es justo decir que el amor para ser auténtico y efectivo, supone la reciprocidad?

Recordemos que cada uno de nosotros somos reyes o reinas de amor, que poseemos en nosotros mismos esa capacidad infinita de amar como Dios, puesto que Él nos creó a su imagen y semejanza.

El amor es, por definición, gratuito e incondicional. Es un movimiento interno del alma; yo diría una necesidad del alma.

El amor auténtico, en razón de su gratuidad, atrae y provoca al amor; seduce y libera de todo egocentrismo.

Ciertamente la experiencia liberadora del amor y la alegría, fruto de ese amor gratuito, suscita el deseo de compartirlo a los demás, para que ellos también se beneficien; no en vistas de beneficiarse de ese amor, sino en vistas a su propia liberación, sabiéndose amado por él mismo y poder así amar gratuitamente a quien él decida amar con el respeto que le es debido.

Jesús, experto en amor, nos invita, e incluso da como mandamiento a sus discípulos, a que nos amemos cómo él nos ha amado y concretiza diciendo:

» Ustedes han oído decir: “ojo por ojo y diente por diente”, yo les digo: “amen a sus enemigos, bendigan a los que les maldicen, hagan el bien a quienes les hacen el mal”». Gran ley de libertad que me permite amar a quien yo quiero, porque yo lo quiero, lo merezca o no, gratis, simplemente porque todos lo necesitan y porque para mí es una necesidad fundamental del tesoro desbordante de amor que contiene este corazón creado a imagen y semejanza de Dios.

La reciprocidad aparece entonces como comunión, no como condición, de dos voluntades libres que han decidido compartir el amor recibido gratuitamente de Dios que es AMOR.

Publicado en LV - Encuentros