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¿Mendiga o Reina de Amor?

ENCUENTRO

Me ha parecido bueno comenzar haciéndoles una pregunta: ¿Ustedes, se consideran mendigas o reinas de amor?

Un día, en una ciudad de África, una mujer vino a pedirme que rezara por ella para que Dios le diera un marido estable para toda la vida ya que había conocido muchos hombres, pero ninguno de ellos permaneció con ella más de 3 años.

Su rostro reflejaba una gran tristeza y desolación pues esperaba con impaciencia al hombre de su vida.

Esa “necesidad” de hombre, la mantenía en cierto modo en una situación de fragilidad emocional extrema, dispuesta a darse al primero que le diera un poco de cariño y la hiciese sentir alguien importante, deseada y amada lo más rápidamente posible, porque el tiempo pasa y con él su juventud y sus atractivos personales.

Su situación se asemejaba a la de un mendigo, sonriendo a todos los paseantes en espera de una limosna.

Esta mujer olvidaba que era, por naturaleza y por gracia de Dios, “Reina de Amor” puesto que, creada a la imagen y semejanza de Dios, poseedora en lo más íntimo de ella misma, un corazón como el de Dios. Tenía un tesoro inagotable de Amor fuerte, sólido, creador e incluso portador de vida y de alegría de vivir.

Yo la invité a dejar el banco de la mendicidad para levantarse e ir a dar gratuitamente, como una reina, alegría, cariño, esperanza… su tiempo, sus capacidades, sus dones, su amor a los más necesitados, niños abandonados, ancianos, vecinos, mujeres desamparadas, etc. Mientras tanto yo seguiría pidiendo por ella ante Dios ese compañero, ese marido con quien poder compartir y no solamente recibir, el amor cuya fuente o manantial no se encuentran en el hombre sino en Dios que es Amor.

Al cabo de un año me pidió que siguiera intercediendo por ella, pues habiendo puesto a dura prueba a sus nuevos pretendientes antes de entregarse a ellos, no había encontrado marido, pero ya no estaba sombría ni desesperada… “había ejercido su Señorío de Amor, y su rostro reflejaba paz, serenidad y alegría en la esperanza.”

 

Por: Padre Luis Matos.

 

Publicado en LV - Encuentros